Especial para los seguidores de codigopostalrd.net
En su discurso ante el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, el 21 de enero de 2026, el presidente Donald Trump enfatizó el papel de Estados Unidos como potencia económica mundial, criticó las políticas europeas y reiteró la agenda de “Estados Unidos Primero” de su administración.

Describió a Estados Unidos como el “motor económico del planeta”, afirmando un rápido crecimiento económico bajo su liderazgo, con un PIB estimado en el cuarto trimestre del 5,4%, una inflación controlada y expectativas de que el mercado bursátil se duplique pronto.
Trump destacó logros nacionales como la reducción drástica de la plantilla federal, la imposición de aranceles para reducir el déficit, el avance de los combustibles fósiles y la energía nuclear, y el posicionamiento de Estados Unidos como líder en inteligencia artificial y criptomonedas, con el objetivo de convertirlo en la “capital mundial de las criptomonedas”.
Un tema central fue el dominio y la seguridad global de Estados Unidos. Trump descartó el uso de la fuerza militar para adquirir Groenlandia, pero insistió en “negociaciones inmediatas” para su control, calificándola de “parte de América del Norte” y “nuestro territorio” debido a su importancia estratégica frente a las amenazas de Rusia y China.
Argumentó que ninguna otra nación, incluida Dinamarca, podría asegurarla eficazmente, destacando la rápida derrota de Dinamarca en la Segunda Guerra Mundial y la histórica ayuda estadounidense.
También cuestionó la fiabilidad de la OTAN, alardeando de obligar a los aliados a pagar más y advirtiendo que Europa “hablaría alemán” sin la intervención estadounidense en guerras pasadas.
Trump criticó la dirección de Europa en materia de inmigración, energía (calificando las políticas verdes de “engaño”) y gasto, afirmando que partes de Europa son “irreconocibles” y “no van en la dirección correcta”.
Abordó la política exterior, afirmando que la guerra en Ucrania “nunca habría comenzado” si las elecciones de 2020 no hubieran estado “amañadas”, e instó a Zelenski y Putin a negociar, pronosticando un acuerdo rápido.
En general, el discurso concluyó que la prosperidad global depende de la fortaleza de Estados Unidos y que los aliados deben alinearse o enfrentar consecuencias como los aranceles.
El discurso provocó reacciones diversas a nivel mundial, intensificando las tensiones con los aliados y revitalizando la base nacional de Trump.
Los mercados reaccionaron negativamente al principio, con una caída de las acciones que Trump describió como insignificante, vinculada a los riesgos derivados de su retórica sobre Groenlandia y sus amenazas arancelarias, aunque se recuperaron parcialmente durante el discurso.
Los líderes y medios de comunicación europeos expresaron su indignación; según se informa, la UE congeló un acuerdo comercial con EE. UU., considerando “imposible seguir como siempre”.
Críticos como el gobernador de California, Gavin Newsom, lo calificaron de “notablemente aburrido” e “insignificante”, reflejando la ansiedad de los líderes empresariales.
En redes sociales, sus partidarios lo elogiaron como “audaz y sin filtros”, priorizando a “Estados Unidos primero”, mientras que sus detractores lo calificaron de “vergonzoso”, “poco enérgico” e “inconexo”, y algunos cuestionaron el estado cognitivo de Trump debido a la percepción de incoherencias y errores (por ejemplo, la supuesta confusión de Groenlandia con Islandia, aunque no verificada en los principales informes).
A nivel internacional, provocó burlas en la radio británica, lo que puso de manifiesto el resentimiento por las exigencias estadounidenses a pesar de los sacrificios de los aliados en guerras pasadas.
Las verificaciones de datos detectaron exageraciones, como las relativas a los milagros económicos, en medio de encuestas que mostraban una desaprobación del 61% en Estados Unidos de su gestión económica.
El discurso podría exacerbar las desavenencias entre Estados Unidos y Europa, lo que podría derivar en aranceles de represalia, tensiones en las relaciones con la OTAN y una reevaluación de las alianzas transatlánticas.
Al presentar a Europa como “dependiente” y a Groenlandia como no negociable, se corre el riesgo de aislar diplomáticamente a Estados Unidos, impulsando a sus aliados hacia vías de seguridad independientes o vínculos más estrechos con China.
En el ámbito económico, las renovadas amenazas arancelarias podrían perturbar el comercio mundial, aunque quienes apoyan a Trump argumentan que fortalecen la influencia estadounidense.
En Ucrania, su impulso a unas conversaciones rápidas podría presionar a Zelenski en medio de una reunión prevista, lo que indica un cambio de rumbo de Estados Unidos hacia una desescalada que favorezca a Rusia.
En el ámbito nacional, refuerza la narrativa de resurgimiento de Trump, pero podría alimentar la polarización, ya que sus críticos lo ven como un signo de inestabilidad.
A largo plazo, subraya un giro desde el multilateralismo, lo que podría acelerar un orden mundial multipolar donde el unilateralismo estadounidense pone a prueba la estabilidad global.


