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En enero de 2026, en medio de la escalada de tensiones comerciales iniciada por el presidente estadounidense Donald Trump, tanto Canadá como el Reino Unido mantuvieron contactos de alto nivel con China.
El primer ministro canadiense, Mark Carney (quien asumió el cargo tras los cambios políticos en Canadá), visitó Pekín del 14 al 17 de enero, lo que marcó el primer viaje de este tipo en casi una década.
A esto le siguió la llegada a China del primer ministro británico, Keir Starmer, el 28 de enero —la primera de un primer ministro británico desde 2018— para una visita de varios días centrada en fortalecer las relaciones bilaterales y ampliar las oportunidades económicas.
Estas acciones se producen en el contexto de las amenazas explícitas de Trump de imponer aranceles del 100 % a las importaciones canadienses si Ottawa avanza en la profundización de los vínculos con China, junto con advertencias más amplias a Europa y Canadá sobre los desequilibrios comerciales, las contribuciones a la OTAN y las alianzas.
Mark Carney, exgobernador del Banco de Inglaterra con profundos vínculos con las finanzas globales, ha posicionado la colaboración de Canadá como un eje estratégico para adaptarse a las nuevas realidades globales, con énfasis en la energía, la agroalimentación y la diversificación comercial.
La agenda de Starmer también prioriza las delegaciones empresariales y los debates sobre comercio sin forzar una elección binaria entre Estados Unidos y China.
Las reacciones en redes sociales destacan la percepción de estas visitas como una respuesta directa a la intimidación de Trump, y los usuarios señalan un patrón de los aliados de la OTAN que se dirigen hacia el este.
Impulso económico para Canadá y el Reino Unido con China. La visita de Carney resultó en un acuerdo de “asociación estratégica”, que incluye la reducción de aranceles para los vehículos eléctricos (VE) chinos y acuerdos en los sectores de energía y agricultura.
Esto podría impulsar los mercados de exportación de Canadá, en particular en el de materias primas, a la vez que protege contra los riesgos arancelarios de EE. UU.
Para el Reino Unido, el viaje de Starmer busca revivir una “época dorada” de negociaciones comerciales, animando a las empresas a invertir en medio de las tensas alianzas occidentales.
Ambas naciones se beneficiarán del vasto mercado chino, lo que podría compensar las pérdidas derivadas de las barreras comerciales estadounidenses.
Ante tensión en las alianzas con EE. UU y las amenazas de Trump, enmarcadas como respuestas a la percepción de déficits comerciales y un gasto de defensa insuficiente, han acelerado la ruptura.
Canadá ha descartado explícitamente un acuerdo de libre comercio con China, pero busca pactos específicos, lo que ha provocado la ira de Trump y sugerencias de tratar a Canadá como un “estado 51”.
Europa se enfrenta a presiones similares, con Trump retirando invitaciones e imponiendo amenazas arancelarias, lo que ha provocado boicots a productos estadounidenses en algunas regiones.
Esto ha alimentado el debate sobre el debilitamiento de la OTAN, mientras aliados como el Reino Unido y Canadá buscan alternativas.
Estas visitas señalan un realineamiento más amplio, con China posicionándose como un socio estable en medio de la imprevisibilidad de Estados Unidos.
El discurso en línea lo presenta como si Trump estuviera impulsando inadvertidamente la influencia de China, con comentarios como “Trump está facilitando” que Europa interactúe con Pekín.
Sin embargo, los críticos argumentan que esto corre el riesgo de una dependencia a largo plazo de China, lo que podría comprometer la seguridad nacional.
| Aspecto | Impacto Canadá-China | Impacto Reino Unido-China | Contexto Respuesta EE. UU. |
|---|---|---|---|
| Acuerdos Comerciales | Asociación estratégica en energía, agroalimentación; aranceles de VE reducidos. | Conversaciones de reactivación empresarial; oportunidades para empresas. | Trump amenaza con aranceles del 100% a Canadá, advertencias más amplias a Europa. |
| Tono Diplomático | Adaptación a las “nuevas realidades globales”. | “Orientado al exterior pero centrado en el interés nacional.” | Expansión aislacionista: Aranceles, presiones sobre alianzas. |
| Beneficios Potenciales | Diversificación de la dependencia de EE. UU.; acceso al mercado. | Lazos reparados después de 2018; crecimiento económico. | Apalancamiento a corto plazo, pero riesgo de alienar a los aliados. |
| Riesgos | Aranceles de EE. UU. intensificados; preocupaciones de seguridad. | Equilibrio de la alianza con EE. UU.; críticas internas. | Boicots de reacción, unidad de la OTAN debilitada. |
Para China constituye un mayor poder blando e influencia económica sobre las naciones occidentales, posicionando a Pekín como un contrapeso al dominio estadounidense.
Esto podría acelerar los cambios en el comercio global, con más acuerdos que excluyan a EE. UU. Sin embargo, invita al escrutinio sobre los derechos humanos y la dependencia tecnológica.
Para Canadá y el Reino Unido configura una resiliencia económica a corto plazo frente a las políticas de Trump, pero posibles fricciones a largo plazo con Washington.
La experiencia de Carney en finanzas puede ayudar a sortear esto, pero podrían surgir reacciones negativas internas, por ejemplo, llamamientos a la secesión de Alberta,
Para EE. UU. y Trump, las políticas destinadas a “Hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande” corren el riesgo de aislar a EE. UU., fomentando un mundo multipolar donde los aliados forjan caminos independientes.
Esto ya ha impulsado las conversaciones comerciales entre Europa y la India y esfuerzos más amplios de diversificación. Los partidarios de Trump lo ven como una firmeza necesaria, mientras que los críticos lo califican de autosabotaje.
La postura agresiva de Trump, basada en el proteccionismo y las exigencias de reciprocidad, parece estar resultando contraproducente, al impulsar a aliados tradicionales como Canadá y el Reino Unido hacia China en busca de estabilidad y crecimiento.
La visita de Starmer, inmediatamente después de la de Carney, subraya un giro pragmático. Los líderes occidentales no están dispuestos a soportar la intimidación estadounidense indefinidamente, y optan en cambio por alianzas diversificadas.
Esto podría presagiar un declive de la influencia hegemónica estadounidense, reforzando el papel de China en los asuntos globales, pero también aumenta los riesgos de alianzas fragmentadas y volatilidad económica.
En última instancia, estos acontecimientos reflejan un mundo que se adapta al aislacionismo de Trump, posiblemente a costa de la unidad transatlántica.


