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El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) anunció recientemente una importante reestructuración interna para seleccionar a su candidato presidencial para las elecciones de 2028.
Esta medida se produce en medio de los esfuerzos del partido por recuperarse de los importantes reveses electorales sufridos en 2020 y 2024, donde perdió la presidencia tras 16 años en el poder y sufrió nuevas caídas, incluyendo la obtención de solo alrededor del 10% de los votos en la contienda presidencial de 2024 y la pérdida de todos los escaños en el Senado.
El 1 de febrero de 2026, el expresidente Danilo Medina, quien preside el PLD, describió un proceso para fortalecer la estructura territorial del partido y reducir la lista de aspirantes presidenciales.

Esto implica definir un perfil de candidato, evaluar a los líderes potenciales a través del Comité Central y realizar una consulta interna para finalizar la nominación, con la presentación oficial prevista para fines de octubre de 2027.
La decisión marca un inicio temprano para el ciclo de 2028, lo que potencialmente permitiría al PLD reconstruir su papel de oposición contra el gobernante Partido Revolucionario Moderno (PRM), liderado por el presidente Luis Abinader, quien no puede buscar la reelección.
Abel Martínez, candidato presidencial del PLD para 2024 y exalcalde de Santiago de los Caballeros, se ha posicionado públicamente como uno de los favoritos para la nominación de 2028.
En una propuesta compartida mediante un comunicado a la dirigencia del PLD, Martínez abogó por un acuerdo interno para fomentar la unidad y evitar primarias divisivas.
Sugirió que los aspirantes participen en un trabajo político a nivel nacional de 8 a 10 meses, seguido de encuestas internas y externas realizadas por empresas designadas de común acuerdo para seleccionar al candidato mejor posicionado.
Este enfoque, argumentó, crearía una candidatura “unificadora y competitiva”, a la vez que evitaría la fragmentación. La postura de Martínez refleja su conciencia del debilitamiento del partido y su propio tercer puesto en 2024 (con alrededor del 10% de los votos), lo que lo posiciona como un líder pragmático enfocado en la reconstrucción estratégica.
Sin embargo, su propuesta ha suscitado críticas desde algunos sectores, ya que sus detractores la consideran un intento de “cegar” su candidatura mediante encuestas en lugar de una competencia abierta, lo que podría eludir el voto de base que podría rechazarlo debido a su desempeño anterior.
La popularidad de Martínez, tanto dentro como fuera del PLD, se hace patente en el discurso público, donde sus simpatizantes lo aclaman como el probable candidato por consenso.
Sin embargo, se enfrenta a competencia interna, incluyendo figuras como Francisco Javier García, a quien algunos miembros del partido promueven como futuro candidato y presidente. Otros aspirantes, como Charlie Mariotti, también han declarado sus intenciones para 2028.
El proceso de selección temprana podría ayudar al PLD a reorganizar su base, debilitada por escándalos de corrupción y derrotas electorales.
Al definir el perfil de un candidato y reducir el número de aspirantes, el partido busca presentar un frente cohesionado, atrayendo potencialmente a votantes desilusionados y posicionándose como una alternativa viable al dominio del PRM.
La propuesta de Martínez se alinea con esto al priorizar las encuestas en lugar de las primarias, lo que podría minimizar las divisiones internas y concentrar los recursos en la campaña nacional.
Comenzar a principios de 2026 le da al PLD tiempo para abordar debilidades, como la pérdida de representación en el Senado, y aprovechar cualquier desliz de gobierno del PRM.
Esto podría fortalecer el papel de la oposición en un panorama político donde el PRM cuenta con sólidas mayorías.
Esta medida podría presionar a otros partidos de oposición, como Fuerza del Pueblo (liderado por Leonel Fernández), a acelerar sus propios preparativos, lo que podría derivar en alianzas o una candidatura más competitiva para 2028
La presencia de múltiples aspirantes, incluyendo a Martínez y García, podría generar faccionalismo si el proceso no se gestiona con transparencia.
La propuesta de Martínez, basada en encuestas, ha sido calificada como un “salvavidas personal” para evitar las primarias, lo que conlleva el riesgo de acusaciones de elitismo y el distanciamiento de las bases. Las divisiones históricas del PLD (por ejemplo, la salida de Fernández en 2019) ponen de relieve este riesgo.
La vinculación del PLD con investigaciones de corrupción anteriores puede obstaculizar los esfuerzos de reconstrucción, como se observó en las encuestas de 2024, donde Martínez obtuvo un bajo resultado.
Centrarse desde el principio en 2028 podría distraer de los objetivos inmediatos, como recuperar la influencia local, y exponer al partido a ataques del PRM que lo presentan como desfasado.
Si el PLD no logra unificarse, podría debilitar a la oposición general, lo que permitiría al PRM consolidar aún más el poder. Por otro lado, un candidato fuerte del PLD podría intensificar los debates sobre temas como la migración, la corrupción y el crecimiento económico, influyendo en la orientación política.
La opinión pública sobre X muestra opiniones encontradas: algunos ven a Martínez como una fuerza renovadora, mientras que otros prefieren alternativas.
La decisión del PLD representa un paso proactivo hacia la revitalización, priorizando la estructura sobre la inmediatez, pero su éxito depende de la gestión de ambiciones internas como la de Martínez.
Su postura pública promueve la unidad mediante una selección basada en datos, pero subraya las tensiones entre el posicionamiento personal y la democracia partidista.
En general, esto podría revitalizar al PLD como contrapeso al PRM para 2028, fomentando un escenario político más equilibrado, aunque un fracaso podría conllevar el riesgo de una mayor marginación.
El proceso pone de relieve la dinámica multipartidista en evolución de la República Dominicana, donde una preparación temprana podría determinar la viabilidad de la oposición en la era post-Abinader

