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El 18 de enero de 2026, aproximadamente a las 19:39 CET, dos trenes de alta velocidad descarrilaron cerca de Adamuz, en Andalucía, España, en la línea ferroviaria de alta velocidad Madrid-Sevilla.
El tren Iryo 6189, un Frecciarossa 1000 que operaba de Málaga a Madrid con unos 300 pasajeros, descarriló poco después de salir de la estación de Córdoba y se incorporó a la vía adyacente.
Esto provocó una colisión con el tren Renfe 2384, un Alvia Clase 120 que operaba de Madrid a Huelva con unos 100 pasajeros, que también descarriló y se precipitó por un terraplén de 4 metros.
El choque se produjo en un tramo recto de vía que se había renovado en mayo de 2025, y testigos presenciales describieron el impacto como una sensación similar a un terremoto, con gritos, caída de equipaje y pasajeros que escapaban por las ventanas utilizando martillos de emergencia.
El número de muertos asciende a al menos 21, incluido el conductor del tren de Renfe, y más de 100 personas resultaron heridas, más de 25 en estado crítico y otras hospitalizadas en seis hospitales regionales. Las autoridades han advertido que el número de víctimas mortales podría aumentar a medida que las operaciones de rescate continúan durante la noche. La causa sigue siendo desconocida y está siendo investigada por el operador ferroviario Adif, y el ministro de Transportes, Óscar Puente, la calificó de “realmente extraña”.
Más allá de las muertes y lesiones confirmadas, los supervivientes relataron experiencias traumáticas, incluyendo cuerpos lacerados, metales retorcidos y pasajeros atrapados que requirieron ser rescatados.
Las familias han inundado las redes sociales y las líneas telefónicas oficiales (como el 112 para emergencias, el 061 para actualizaciones de salud y el +34 912 320 320 de Renfe) buscando a sus seres queridos desaparecidos, con decenas de desaparecidos aún mientras las labores de rescate se centran en la recuperación.
Se ha movilizado apoyo psicológico para las víctimas, las familias y el personal de respuesta.
En las labores de rescate participaron bomberos, Guardia Civil, ambulancias y unidades militares de la cercana Base Aérea de Morón (Unidad Militar de Emergencias), con más de 40 especialistas y 15 vehículos desplegados.
Las operaciones se vieron obstaculizadas por la dificultad del terreno, las bajas temperaturas y la ubicación remota a unos 360 km al sur de Madrid. Los residentes de Adamuz proporcionaron mantas, comida y agua, y se estableció un centro de recepción para los pasajeros afectados.
Todos los servicios ferroviarios de alta velocidad entre Madrid y Andalucía (incluyendo Córdoba, Sevilla, Málaga y Huelva) fueron suspendidos indefinidamente, afectando a millones de personas que dependen de la extensa red de AVE española.
Adif, los operadores Iryo (participada mayoritariamente por la italiana Ferrovie dello Stato) y Renfe están buscando alternativas, pero los restos del lugar del accidente han paralizado las operaciones en este corredor clave.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, lo describió como una “noche de profundo dolor” y despejó su agenda para seguir la evolución de los acontecimientos, mientras que el rey Felipe VI y la reina Letizia expresaron su preocupación.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ofreció sus condolencias y las embajadas extranjeras verificaron el estado de sus ciudadanos. La Junta de Andalucía activó su Plan de Protección Civil.
Las consecuencias a largo plazo están surgiendo, pero podrían ser significativas, dado el historial de accidentes ferroviarios en España:
Seguridad y control regulatorio: Este es uno de los incidentes ferroviarios más mortales en España desde el descarrilamiento de Santiago de Compostela en 2013, en el que murieron 79 personas debido a un error del conductor.
Las posibles causas que se están analizando incluyen fallos en la señalización, defectos en la vía o errores humanos, lo que ha motivado la solicitud de auditorías de seguridad más rigurosas en las líneas de alta velocidad que transportan millones de personas al año.
El incidente podría provocar reducciones temporales de velocidad o mejoras en la infraestructura, especialmente dado que la vía fue renovada recientemente.
Las interrupciones podrían costar millones en pérdidas de ingresos a los operadores ferroviarios, el turismo andaluz y las cadenas de suministro. Más de 400 pasajeros se vieron directamente afectados, con un impacto generalizado en los viajes durante el período posvacacional.
Las reclamaciones de seguros, los gastos médicos y la reconstrucción aumentarán la presión financiera.
La tragedia ha provocado luto nacional y ha aumentado la ansiedad pública sobre los viajes en tren. Las familias se enfrentan a un trauma continuo, con las líneas telefónicas de apoyo desbordadas. Podría erosionar la confianza en el sólido historial de seguridad ferroviaria de España.
La limpieza de escombros en una zona rural podría tener impactos ambientales menores, mientras que es probable que se presenten demandas contra los operadores o Adif si se detecta negligencia.
Dado que el incidente ocurrió hace apenas unas horas, las conclusiones definitivas están a la espera de una investigación exhaustiva por parte de Adif, la Guardia Civil y las autoridades de transporte.
No se sospecha de un acto ilícito, y las evaluaciones preliminares descartan factores obvios como el clima o el sabotaje. Sin embargo, el suceso evoca accidentes anteriores, lo que sugiere posibles lecciones sobre la monitorización en tiempo real o los sistemas de frenado automático para prevenir incursiones fuera de la vía.
Las autoridades priorizan el apoyo a las víctimas y una investigación transparente para restablecer la confianza. Se esperan novedades a medida que avanza la recuperación, pero el enfoque sigue siendo ayudar a los afectados en lo que se ha calificado de una escena “horrible”.

