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María Corina Machado es la líder de la oposición venezolana que recibió el Premio Nobel de la Paz 2025 el 10 de octubre de 2025 por el Comité Noruego del Nobel por sus esfuerzos en la promoción de los derechos democráticos y una transición pacífica tras el régimen autoritario en Venezuela.

El 15 de enero de 2026, durante una reunión en la Casa Blanca, Machado entregó su medalla física del Premio Nobel de la Paz al presidente estadounidense Donald Trump como gesto de gratitud por el papel de su administración en las operaciones que contribuyeron a la captura del exlíder venezolano Nicolás Maduro.
Previamente, había dedicado el premio a Trump y al pueblo venezolano poco después de recibirlo. Trump aceptó la medalla, calificándola de “honor” y “un gesto maravilloso”.
Esta acción ha atraído mucha atención, especialmente en Noruega, donde se otorga el Premio Nobel de la Paz y posee un inmenso valor simbólico nacional como herramienta de poder blando y diplomacia global.
Las respuestas noruegas han sido predominantemente críticas, centrándose en la integridad y la intransferibilidad del premio.
El Instituto y Comité Nobel Noruego emitió rápidamente una declaración firme aclarando que, si bien la medalla física puede regalarse, el título del Premio Nobel de la Paz en sí no puede revocarse, transferirse ni compartirse.
El director Olav Njølstad enfatizó que los estatutos de la Fundación Nobel no permiten tales acciones, afirmando: “La decisión es definitiva y se mantiene para siempre”.
Esto se describió como una reprimenda “contundente y directa”. El Comité ya había sido objeto de escrutinio al otorgar el premio a Machado en medio de la presión pública de Trump a favor de su obtención, y su presidente, Jørgen Watne Frydnes, defendió la decisión alegando “valentía e integridad”.
Los medios de comunicación noruegos expresaron su desprecio y decepción, considerando que el gesto socavaba el prestigio del premio.
La columnista Lena Lindgren, de Morgenbladet, señaló que las acciones de los galardonados pueden “ir en contra de la intención del premio”, lo que pone de relieve la percepción de una traición a sus valores.
Otro comentarista describió como problemático dedicar el premio a un “presidente muy controvertido”. Una encuesta previa a la entrega, realizada por el tabloide Nettavisen, mostró que aproximadamente tres cuartas partes de los encuestados se oponían a otorgárselo a Trump, lo que refleja un sentimiento antitrumpista más amplio que podría haber amplificado las reacciones a la decisión de Machado.
Las redes sociales y las publicaciones de usuarios noruegos y observadores internacionales se hicieron eco de la preocupación de que Noruega se “prepara” para las consecuencias, y algunos calificaron la situación de “apopléjica” para Trump, pero vergonzosa para el premio.
Analistas y comentaristas en Noruega han descrito el evento como una sacudida a la confianza pública en el premio, considerado un emblema nacional. Existe una sensación de frustración porque la acción de Machado politiza un premio que pretende trascender la política, especialmente dadas las críticas previas de Trump al Comité, calificándolo de “político” y “corrupto”.
El incidente ha suscitado debates en Noruega sobre la vulnerabilidad del premio a posibles abusos posteriores a su entrega, lo que podría erosionar su neutralidad percibida y su prestigio internacional.
Si bien no se han anunciado cambios formales en las normas, este incidente pone de relieve las limitaciones en el control de las acciones de los galardonados, lo que podría influir en futuras nominaciones o en la percepción pública.
El gobierno de Venezuela respondió cerrando su embajada en Noruega tras la entrega inicial del premio, pero esto no estuvo directamente relacionado con la entrega de la medalla.
En Noruega, ha alimentado debates sobre las relaciones entre Estados Unidos y Noruega, dado el historial de Trump de presionar al Comité.
No se han reportado tensiones bilaterales inmediatas, pero subraya el compromiso de Noruega con la independencia en las decisiones sobre los premios.
El evento ha provocado fuertes reacciones en los medios noruegos, y algunos lo consideran una “apuesta” de Machado que disminuye el peso simbólico del premio.
Esto podría generar desilusión pública a corto plazo, aunque el prestigio del premio a largo plazo se mantiene intacto gracias a precedentes históricos (por ejemplo, otros galardonados controvertidos).
Sin repercusiones legales ni formales para Machado,, el Instituto confirmó que el premio no puede revocarse, por lo que Machado conserva su condición de galardonada. Sin embargo, su acción podría afectar su prestigio en los círculos internacionales de paz.
La entrega de la medalla ha generado desaprobación oficial y escepticismo público en Noruega, lo que refuerza la postura del país sobre la inmutabilidad del premio.
Esto pone de relieve las tensiones entre el propósito idealista del premio y la realidad política, en particular en lo que respecta a figuras como Trump.
Si bien la transferencia física no tiene un efecto vinculante sobre la propiedad del premio, podría suscitar reflexiones internas sobre la salvaguardia del legado del Nobel.
En general, la respuesta de Noruega prioriza la preservación de la integridad del premio por encima de la consideración de gestos individuales, manteniendo su estatus como honor no partidista a pesar de la controversia.


