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El 4 de enero de 2026, Edmundo González Urrutia, líder de la oposición venezolana, ampliamente reconocido por Estados Unidos y otros países como el legítimo ganador de las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, publicó un video en redes sociales.
En el mensaje de aproximadamente tres minutos, González se autodenominó “presidente de los venezolanos” y “comandante en jefe”, instando a las Fuerzas Armadas de Venezuela (FANB) y a los organismos de seguridad a respetar la Constitución, reconocer los resultados electorales de 2024 y hacer cumplir el “mandato soberano” expresado por los votantes.

Enfatizó la lealtad al pueblo y a la república frente al ahora detenido Nicolás Maduro, exigió la liberación inmediata de los presos políticos y presentó el momento como una oportunidad histórica para la reconstrucción democrática en medio de sentimientos públicos contradictorios.
El video se publicó poco después de que las fuerzas estadounidenses capturaran a Maduro el 2 de enero de 2026, creando un vacío de poder.
González, exiliado en España desde septiembre de 2024, también señaló que la ausencia de Maduro significaba que el deber de los militares ahora recaía en la voluntad popular.
Poco después de la liberación, la cuenta X de González fue presuntamente hackeada, lo que llevó a su equipo a anunciar esfuerzos para recuperarla.
El video ha intensificado la actual crisis política venezolana, amplificando las divisiones y provocando reacciones inmediatas en los ámbitos nacional, militar e internacional:
Impacto político y social interno: Ha movilizado a la oposición, con figuras como María Corina Machado respaldando públicamente a González como presidente legítimo y pidiendo a los militares que lo reconozcan como comandante en jefe.
Las redes sociales se llenaron de comentarios, incluyendo celebraciones entre los venezolanos anti-Maduro, pero también reportes de sentimientos encontrados dado el historial de represión del país.
Las protestas o manifestaciones podrían aumentar, sumándose a los disturbios poselectorales de 2024 que resultaron en más de 2.000 arrestos y decenas de muertes.
La FANB rechazó rápidamente la apelación de González, condenándola categóricamente y reafirmando su lealtad a la Constitución bajo el régimen actual, posiblemente alineándose con la vicepresidenta Delcy Rodríguez como líder interina.
Este rechazo subraya los vínculos históricos de los militares con el chavismo, lo que podría profundizar las fracturas institucionales si se producen deserciones.
Estados Unidos, que respaldó la operación para capturar a Maduro, ve con buenos ojos la acción de González, y tiene previsto visitar la Casa Blanca poco después.
Países como Argentina y Brasil se han hecho eco de los llamamientos a una transición democrática, mientras que aliados de Maduro (por ejemplo, Rusia y China) podrían criticarla como una injerencia extranjera.
La cobertura mediática lo destaca como un paso fundamental hacia la normalización, pero advierte de los riesgos en un contexto volátil.
En general, el video ha aumentado la tensión, con una interacción en redes sociales en tiempo real que muestra miles de visualizaciones, “me gusta” y reenvíos en cuestión de horas, lo que refleja una opinión pública polarizada.
La liberación podría conllevar varias consecuencias a corto y mediano plazo, dependiendo de la dinámica militar e internacional:
Si el ejército se mantiene desafiante, podría desencadenar enfrentamientos, nuevas protestas o un estancamiento prolongado, agravando la crisis humanitaria de Venezuela (por ejemplo, escasez, migración).
Los informes ya señalan la intención del gobierno de arrestar a González, aunque su exilio complica la situación.
Con Maduro detenido, la afirmación de González busca acelerar la transición, pero el rechazo de las fuerzas armadas podría empoderar a la línea dura como Rodríguez, lo que llevaría a purgas internas del régimen o a negociaciones.
Posibles deserciones dentro del ejército podrían inclinar la balanza hacia el control de la oposición.
A nivel nacional, refuerza las denuncias de fraude electoral de la oposición en 2024, lo que podría llevar a solicitar nuevas elecciones o una mediación internacional.
A nivel global, refuerza la presión liderada por EE. UU., incluyendo el levantamiento de las sanciones si se produce la transición, pero corre el riesgo de una reacción negativa de los aliados de Maduro, lo que tensará las relaciones regionales.
Los resultados positivos podrían incluir la liberación de presos y la llegada de ayuda humanitaria, pero un fracaso podría agravar la represión, con más de 10 millones de venezolanos desplazados desde 2014.
El video de González representa una estrategia para capitalizar el arresto de Maduro, posicionándolo como el líder legítimo en la lucha por la restauración democrática.
Subraya la fragilidad de las instituciones venezolanas, donde la lealtad militar sigue siendo clave para el poder. El éxito depende de las deserciones internas y del apoyo internacional sostenido, lo que podría poner fin a más de dos décadas de gobierno chavista y allanar el camino para una reconstrucción centrada en los derechos, la esperanza y la unidad.
Sin embargo, si se rechaza, podría prolongar el caos, poniendo de relieve los límites de los desafíos liderados por el exilio contra las fuerzas atrincheradas.
Las implicaciones más amplias incluyen una prueba para la política exterior estadounidense bajo el gobierno de Trump, que influirá en la estabilidad latinoamericana y en la percepción global de la intervención en asuntos soberanos.
En última instancia, este momento podría marcar un punto de inflexión hacia la libertad o afianzar la división, siendo la respuesta de las fuerzas armadas el factor decisivo.

