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El último concierto de Joaquín Sabina tuvo lugar el 30 de noviembre de 2025 en el Movistar Arena de Madrid (antiguo WiZink Center), como cierre de su gira de despedida “Hola y Adiós”.
Este evento marcó el fin definitivo de su trayectoria en escenarios multitudinarios tras más de 50 años de carrera y 71 conciertos en esa gira por América y Europa.

Fue un evento altamente emotivo y simbólico: ante 12.000 espectadores, Sabina declaró explícitamente: “Este concierto en Madrid es el último de mi vida y por tanto el más importante, el que en unos años recordaré con más emoción”.
El público respondió con ovaciones interminables, lágrimas y cánticos colectivos, transformando la noche en una celebración colectiva y un ritual de despedida.
Resonancia cultural amplia: resonó en todo el mundo hispanohablante, desde España hasta Latinoamérica, donde sus canciones forman parte del imaginario colectivo, bares, buses, hogares.
Asistieron figuras destacadas de la cultura y política española, subrayando su rol como cronista generacional que puenteó la Transición democrática con ironía, confesión y lenguaje callejero.
Setlist centrado en clásicos: incluyó alrededor de 23 canciones, interpretó unas 20, como “Yo me bajo en Atocha”, “Princesa”, “Calle Melancolía”, “¿Quién me ha robado el mes de abril?” y “Contigo”, cerrando con “La canción de los (buenos) borrachos” de fondo mientras se despedía.
Retiro definitivo de grandes giras: a los 76 años, Sabina decidió retirarse en un momento de plena forma, sin problemas de salud recientes que lo obligaran, a diferencia de pasados incidentes, como su caída en 2020 en el mismo venue o su ictus en 2001.
Expresó deseo de “quedarse en casa”, evitar la exposición pública y dedicarse a una vida más privada: pintar, leer y disfrutar personalmente.
No es un adiós total a la creación: planea escribir un libro de sonetos, componer para un posible nuevo disco y, quizás, actuaciones puntuales en escenarios pequeños, incluso fantasea con comprar un teatro en Madrid para eventos ocasionales.
Legado inmortal: sus canciones, descritas como “himnos de una generación” y “plegarias universales”, seguirán vivas en la memoria colectiva, trascendiendo su ausencia en los escenarios.
Este concierto no solo cerró una era personal para Sabina, sino que simbolizó el fin de una etapa en la canción de autor en español: un “canalla” dignamente envejecido que enseñó a generaciones a enfrentar la vida con humor, melancolía y rebeldía.
Fue una despedida elegida, en la cumbre, dejando un catálogo eterno que continuará resonando en el mundo hispano. Como él mismo dijo, la gira pasó de “Hola y Adiós” a solo “Adiós”, pero su música asegura que nunca será un adiós completo.


