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El nombramiento de Laurent Saint-Cyr como presidente del Consejo Presidencial de Transición (CTP) de Haití el 7 de agosto de 2025 marca un momento crucial para un país que enfrenta graves desafíos políticos, de seguridad y socioeconómicos.

Laurent Saint-Cyr, un acaudalado empresario y expresidente de la Cámara de Comercio Americana en Haití y de la Cámara de Comercio e Industria de Haití, representa al sector privado. Su nombramiento, junto con el del primer ministro Alix Didier Fils-Aimé, también perteneciente a la élite empresarial, marca la primera vez que el sector privado de Haití ocupa tanto la presidencia rotatoria como los cargos de primer ministro.
Este cambio consolida el poder entre la élite económica haitiana, de piel clara y mestiza, lo que genera inquietud sobre la representación en un país con una población mayoritariamente negra y un historial de tensiones de clase y color.
La experiencia de Saint-Cyr en el sector privado podría impulsar la recuperación económica y las políticas favorables a las empresas, ya que enfatizó que el sector privado es “el motor de la economía del país”.
Saint-Cyr asume el liderazgo en medio de una violencia desenfrenada de pandillas, con grupos criminales como la coalición Viv Ansanm, liderada por Jimmy “Barbecue” Chérizier, controlando el 90% de Puerto Príncipe. Las amenazas de Chérizier de interrumpir la transición y derrocar al gobierno ponen de relieve la precaria situación de seguridad.
Saint-Cyr ha priorizado la seguridad, solicitando la intensificación de las operaciones de las fuerzas armadas haitianas y un mayor apoyo internacional, incluyendo más tropas y entrenamiento para la misión de seguridad liderada por Kenia y respaldada por la ONU.
Su liderazgo se verá puesto a prueba por la necesidad de restaurar la autoridad estatal en una capital donde el gobierno ha sido desplazado del centro, lo que ha obligado a que su toma de posesión se celebre en la Villa d’Accueil, en un suburbio.
Saint-Cyr tiene la tarea de liderar a Haití hacia las elecciones generales programadas para noviembre de 2025, con elecciones presidenciales previstas para el 7 de febrero de 2026, cuando finaliza el mandato del TPC. Su enfoque en unas “elecciones generales creíbles” indica su intención de estabilizar el proceso democrático haitiano, ausente desde 2016.
Sin embargo, la persistente violencia pandillera y la inestabilidad política plantean dudas sobre la viabilidad de celebrar elecciones, y los analistas advierten que unas elecciones apresuradas podrían fortalecer aún más a las pandillas.
Saint-Cyr ha solicitado un mayor apoyo internacional, enfatizando la necesidad de recursos para combatir las pandillas y abordar la crisis humanitaria.
Su colaboración previa con la ONU y CARICOM, incluyendo debates en la Conferencia de la ONU sobre los Océanos en junio de 2025, pone de relieve su dependencia de las alianzas globales.
El apoyo del Departamento de Estado de EE. UU. a la transición, sumado a las acusaciones de “actores malignos” que intentan desestabilizarla mediante sobornos, indica respaldo internacional, pero también tensiones subyacentes.
La concentración de poder entre la élite empresarial de piel clara ha reavivado debates sobre el racismo y las divisiones de clase, arraigados en la historia colonial de Haití. Los críticos temen que esto pueda exacerbar las divisiones sociales, y algunos acusan a la élite de financiar históricamente a las pandillas.
La opinión pública es mixta: simpatizantes se manifestaron en Puerto Príncipe, pero estallaron enfrentamientos con la oposición, y las redes sociales reflejan desconfianza, con algunos calificando a Saint-Cyr de “títere” de intereses extranjeros o de la oligarquía.
Las acusaciones de intentos de soborno para bloquear la transición, negadas por el presidente saliente del consejo, Fritz Alphonse Jean, y otros, ponen de relieve las luchas internas de poder en el TPC.
La continua violencia de pandillas, con más de 3100 muertes en el primer semestre de 2025 y 1,3 millones de personas desplazadas, representa una amenaza inmediata para la agenda de Saint-Cyr. La ONU informa de un aumento de la violencia sexual, y 58 organizaciones acusan al TPC de descuidar a las mujeres y las niñas.
La decisión del TPC de contratar una empresa militar privada para asistir a la misión liderada por Kenia puede reforzar las medidas de seguridad, pero corre el riesgo de generar mayor controversia, dada la desconfianza pública hacia la intervención extranjera y el gobierno liderado por las élites.
La crisis humanitaria, con miles de personas en situación de hambruna, exige medidas urgentes, pero la capacidad de Saint-Cyr para prestar servicios se ve limitada por el control de las pandillas y la ausencia de gobierno en zonas clave.
El enfoque de Saint-Cyr en la recuperación económica se enfrenta a obstáculos como una inflación récord (29%) y el desempleo. Sus vínculos con el sector privado podrían priorizar los intereses comerciales, lo que podría alienar a las comunidades marginadas.
La impopularidad del TPC, agravada por las acusaciones de corrupción contra tres miembros en 2024, socava la confianza pública. El compromiso de Saint-Cyr de servir a “todas las personas por igual” será analizado en este contexto.
El mandato del TPC de organizar elecciones para febrero de 2026 está en riesgo debido a las amenazas de las pandillas y los desafíos logísticos. Viv Ansanm, el partido político de Jimmy Chérizier, ahora declarado partido político, podría explotar el caos electoral y afianzar aún más la influencia de las pandillas.
Las luchas políticas internas y la percibida ilegitimidad del consejo, criticado por no estar “liderado por los haitianos”, podrían descarrilar la transición.
La presidencia de Saint-Cyr es una iniciativa crucial para estabilizar Haití en medio de una violencia pandillera sin precedentes, un colapso económico y divisiones sociales. Su experiencia en el sector privado le ofrece experiencia, pero corre el riesgo de alienar a una población recelosa del control de las élites. El éxito depende de un equilibrio entre seguridad, gobernanza e inclusión.
Restablecer la autoridad estatal y frenar la violencia pandillera son cruciales para la legitimidad de Saint-Cyr y la viabilidad de las elecciones. Su dependencia del apoyo internacional y de empresas de seguridad privadas puede generar beneficios a corto plazo, pero podría profundizar la desconfianza si se percibe como impulsada por el extranjero o elitista.
Saint-Cyr debe abordar las críticas sobre el racismo y los prejuicios de clase priorizando la gobernanza inclusiva. Sus anteriores llamados al liderazgo femenino (por ejemplo, en el Foro de Liderazgo de Mujeres en febrero de 2025) sugieren concienciación, pero se necesitan acciones concretas para contrarrestar las acusaciones de descuidar a los grupos vulnerables.
Las elecciones previstas son un pilar del mandato de Saint-Cyr, pero el control de las pandillas y la inestabilidad política hacen incierto su éxito. La falta de elecciones creíbles podría prolongar la crisis y fortalecer aún más a las pandillas.
La colaboración de Saint-Cyr con CARICOM, la ONU y EE. UU. subraya la necesidad de respaldo internacional, pero el historial de intervención extranjera de Haití alimenta el escepticismo. Una gobernanza transparente y la rendición de cuentas serán cruciales para mantener el apoyo nacional e internacional.
El liderazgo de Saint-Cyr podría allanar el camino para un Haití estable y democrático o profundizar las divisiones existentes si persisten los desafíos económicos y de seguridad. Su capacidad para sortear las luchas internas de poder, las amenazas de las pandillas y la desconfianza pública definirá su legado.
El mandato de Laurent Saint-Cyr como presidente del TPC es un momento crucial para Haití, con importantes implicaciones para su estabilidad política, seguridad y cohesión social. Si bien su perspicacia empresarial y sus conexiones internacionales ofrecen potencial de progreso, los arraigados desafíos de la violencia de pandillas, el dominio de las élites y la desilusión pública plantean obstáculos formidables. Su éxito dependerá de la acción decisiva para restablecer la seguridad, fomentar una gobernanza inclusiva y cumplir la promesa de celebrar elecciones creíbles para febrero de 2026.

