Otro gran cuello de botella petrolero del Planeta: “Houthis controlan el estrecho de Bab al-Mandab y cierran el grifo saudí”. El petróleo supera los 100 dólares y la inflación estadounidense se resiste

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En las últimas 24 horas, centradas entre el 11 y el 12 de septiembre de 2026, el mundo asistió a un nuevo escalón de tensión en Oriente Medio que amenaza directamente dos de los principales cuellos de botella del comercio global de energía. Los rebeldes hutíes, alineados con Irán, completaron un avance fulminante al apoderarse del puerto de Mocha (Mokha) y de la isla de Perim (Mayyun) en el estrecho de Bab al-Mandab, después de que las fuerzas del gobierno yemení se retiraran. Con ello, consolidan un control más estrecho sobre la puerta sur del mar Rojo, vía esencial para el tráfico entre Asia y Europa a través del canal de Suez.

Simultáneamente, Arabia Saudí ordenó el cierre temporal de su oleoducto Este-Oeste tras ataques con drones —presuntamente lanzados desde Irak— que causaron daños e heridos. El golpe se suma a las restricciones ya existentes en el estrecho de Ormuz, el otro gran cuello de botella petrolero del planeta.

El impacto es inmediato. Bab al-Mandab canaliza una parte significativa del comercio marítimo mundial (históricamente cerca del 10 % del tráfico de petróleo). El tránsito de buques por la zona ha caído entre un 60 % y un 70 % en periodos recientes, obligando a largos desvíos por el cabo de Buena Esperanza que añaden semanas de viaje, mayores costes de combustible y seguros, y un alza generalizada de los fletes. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, el suministro de crudo saudí ya había descendido en agosto a niveles de hace varias décadas, en parte por estos ataques regionales.

Los precios del petróleo se mantuvieron elevados: el West Texas Intermediate rondaba los 100 dólares por barril y el Brent oscilaba entre 104 y 105 dólares tras un leve retroceso intradía, pero aún con fuerte avance semanal. En Estados Unidos, el diésel superó los 6 dólares por galón, un máximo histórico.

Inflación pegajosa y la Fed en la mira

El efecto se trasladó de inmediato a la economía estadounidense. El índice de precios al consumo de agosto subió un 0,4 % mensual (alrededor del 3,4 % interanual), con la inflación subyacente en el 0,3 % (cerca del 2,4 % anual). La energía —sobre todo gasolina y diésel— fue el principal motor del alza.

Los mercados asignaron una probabilidad de entre el 80 % y el 90 % a una nueva subida de tipos por parte de la Reserva Federal en su próxima reunión. Aun así, las bolsas (S&P 500, Nasdaq y Dow Jones) cerraron al alza y cortaron una racha de varios días de pérdidas, aliviadas por el ligero retroceso del petróleo y por una mayor claridad sobre el camino de la política monetaria.

Los analistas coinciden en que los choques energéticos geopolíticos están alimentando directamente la inflación estadounidense, complicando el trabajo de la Fed y reforzando el vínculo entre el conflicto en Oriente Medio y las condiciones económicas domésticas. Los tipos más altos encarecerán el crédito para hogares, empresas y gobiernos, mientras los costes energéticos erosionan el poder adquisitivo de los consumidores.

Otros frentes abiertos

En Ucrania, los combates siguen intensos. Rusia lanzó ataques con drones contra Kiev que impactaron en gasolineras y zonas residenciales, causando muertos y heridos, mientras Ucrania respondió con golpes en territorio ruso. No se registraron avances territoriales significativos; la guerra de desgaste y el coste humano continúan.

En Nueva Delhi se inauguró la cumbre de los BRICS (12-13 de septiembre) bajo la presidencia de India. Asistieron, entre otros, el presidente ruso Vladímir Putin, el chino Xi Jinping —en su primera visita al país en años— y el iraní Masud Pezeshkian. La agenda giró en torno a la cooperación económica, la gobernanza multipolar y la resiliencia frente a las crisis de Ucrania y Oriente Medio. Las negociaciones de la declaración conjunta tropezaron con discrepancias sobre cómo mencionar las guerras regionales. Las reuniones bilaterales (Modi-Putin, Modi-Pezeshkian) centraron la atención en energía, comercio y diplomacia.

Estados Unidos conmemoró el 25.º aniversario de los atentados del 11 de septiembre con minutos de silencio, lectura de nombres y reflexiones sobre el legado de las guerras, la seguridad y la sociedad. La CIA publicó documentos de inteligencia adicionales previos a los ataques.

Entre los sucesos secundarios destacaron el lanzamiento de misiles balísticos de corto alcance por Corea del Norte, el aumento del número de muertos en el incendio de un ferry en Filipinas (más de 35) y un accidente de autobús en Suiza con varias víctimas mortales.

Un riesgo sistémico que no cede

La valoración general es clara: la vulnerabilidad de los cuellos de botella energéticos y marítimos se ha convertido en el principal amplificador de riesgo global. El avance hutí en Bab al-Mandab, sumado a las presiones sobre Ormuz y el cierre del oleoducto saudí, eleva de forma directa los precios del petróleo, la inflación, los costes de transporte y la tensión geopolítica. Todo ello se traduce en mayores expectativas de endurecimiento monetario en Estados Unidos y en presión económica generalizada.

La guerra de Ucrania sigue siendo un conflicto de desgaste con elevados costes humanos e infraestructurales. La cumbre de los BRICS refleja el intento de construir un orden multipolar capaz de navegar —y, en algunos casos, amortiguar— el sistema liderado por Occidente, aunque las divisiones internas limitan su cohesión.

Los mercados mostraron cierta resiliencia ante señales mixtas (inflación más alta compensada por un alivio parcial del petróleo y claridad sobre la política de la Fed), pero el mantenimiento de precios energéticos elevados supone un riesgo a la baja para el crecimiento y el coste de la vida a escala mundial.

La estabilidad global sigue expuesta de forma crítica a los focos de tensión en Oriente Medio. Sin una desescalada o soluciones eficaces de rutas y suministros alternativos, la inflación impulsada por la energía y las fricciones comerciales tienden a persistir o agravarse, condicionando las decisiones de los bancos centrales, la presión sobre los consumidores y los realineamientos diplomáticos en las próximas semanas. La evolución del tráfico marítimo, los inventarios de petróleo y cualquier respuesta militar o diplomática serán los indicadores clave a seguir.

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