Amarante Baret presiona al PLD: “Aliarse con Leónel Fernández o arriesgarse a la irrelevancia en 2028

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Las recientes declaraciones de Carlos Amarante Baret, dirigente expulsado del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), han puesto sobre la mesa un diagnóstico crudo: sin una alineación estratégica con Leónel Fernández y la Fuerza del Pueblo, el PLD corre el riesgo de profundizar su marginalización electoral. Tras la fractura de 2019-2020 y los débiles resultados de 2024, Baret sostiene que solo una amplia coordinación opositora —idealmente liderada por Fernández— puede desalojar al Partido Revolucionario Moderno (PRM) del poder.

Baret, quien fue miembro del Comité Político del PLD y expulsado “de por vida y de forma deshonrosa” en septiembre de 2024 por, según el partido, socavar la unidad mientras impulsaba el movimiento Avancemos, ha reiterado en apariciones mediáticas de agosto de 2026 —entre ellas en Tiempo de Noticias— que la Fuerza del Pueblo podría encabezar una gran alianza. Afirma que una porción significativa de electores peledeístas podría emitir un “voto útil” a favor de una candidatura encabezada por Fernández y proyecta que en 2028 “el PLD votará por Leónel”. Según su visión, Danilo Medina habría bloqueado intentos anteriores de reencuentro.

Aunque algunas formulaciones más contundentes —como que “incluir el rostro de Leónel en la boleta es la única forma de evitar caer a un dígito” o el riesgo de obtener “menos de diez votos”— parecen amplificadas, capturan el fondo pragmático de su mensaje: la fragmentación tiene un costo electoral alto y el aislamiento del PLD ya se refleja en su pérdida de peso histórico.

Impactos inmediatos en la estrategia peledeísta

Las palabras de Baret aumentan la presión sobre la cohesión interna del PLD. El partido ya aprobó protocolos y una lista de aspirantes presidenciales (Francisco Javier García, Charles Mariotti, Francisco Domínguez Brito, entre otros) y programó una consulta ciudadana a finales de 2026 para elegir un candidato único. Oficialmente rechaza el respaldo extrapartidario a Fernández. Sin embargo, el discurso de Baret revitaliza a quienes priorizan derrotar al PRM por encima de preservar una identidad peledeísta autónoma.

Al mismo tiempo, refuerza la narrativa del voto útil. Presentar a Fernández como el vehículo opositor más viable empuja a simpatizantes y cuadros intermedios del PLD a considerar una boleta propia como secundaria. Ese mismo dinamismo ya ha llevado a algunos exdirigentes hacia Avancemos u otros espacios opositores.

Baret posiciona a su movimiento como puente. Avancemos ha absorbido desertores del PLD, realizado actividades conjuntas con Fernández y insistido en la necesidad de un frente amplio. Sus declaraciones elevan la visibilidad de estos esfuerzos y envían una señal clara a grupos disidentes y fuerzas menores: la alineación con la Fuerza del Pueblo es la vía práctica.

Escenarios a mediano plazo

Tres caminos posibles se perfilan con nitidez:

  1. Aceleración del voto estratégico: Si las encuestas mantienen a la Fuerza del Pueblo en posición competitiva (Fernández ha citado cifras superiores al 40 % en algunos sondeos y deja abierta la posibilidad de que sea él o su hijo Omar quien encabece la fórmula), muchos electores identificados con el PLD podrían priorizar el rechazo al PRM. El resultado sería un vaciamiento adicional de la base electoral independiente del partido morado.
  2. Erosión institucional de un PLD aislado: Competir en solitario podría traducirse en peores resultados congresuales y municipales, menor peso en el financiamiento público y la pérdida definitiva del estatus de “fuerza mayoritaria” que alguna vez ostentó. La fragmentación de intentos opositores anteriores, incluido Rescate RD, ya ha beneficiado la continuidad del PRM en el poder.
  3. Consolidación de bloques alternativos: Movimientos como Avancemos, corrientes residuales del PLD abiertas a la alianza y otros fragmentos opositores podrían articularse con mayor facilidad en torno a Fernández. Esto aceleraría el realineamiento post-2019, en el que la Fuerza del Pueblo absorbió buena parte del electorado que antes era del PLD.

Existen contrapesos. La dirigencia peledeísta insiste en presentar candidato propio y rechaza respaldar a Fernández. Algunas voces cercanas al partido argumentan que la propia Fuerza del Pueblo necesita estructuras y alianzas más amplias —incluyendo al PLD— para triunfar. Las resentimientos personales y faccionales nacidos del cisma de 2019 siguen vivos, y la influencia de Danilo Medina continúa siendo señalada por Baret como obstáculo a una reunificación formal.

Conclusión

El llamado de Amarante Baret es pragmatismo electoral puro, pronunciado por un exinsider que ahora opera fuera de las estructuras oficiales del PLD: la fragmentación ha costado caro a la oposición, el PRM se beneficia de un campo dividido y, en la actualidad, el vehículo anti-PRM más sólido es el proyecto de Leónel Fernández. Si el PLD atiende el consejo, negocia una coordinación limitada o se aferra a la independencia determinará si logra estabilizarse como tercera fuerza relevante o continúa su trayectoria hacia la irrelevancia en el ciclo 2028.

Los próximos meses —el proceso de consulta interna del PLD, eventuales contactos formales o informales con la Fuerza del Pueblo y la evolución de las encuestas— pondrán a prueba el diagnóstico del “cruce existencial”. El éxito opositor frente al PRM casi con certeza exige algún grado de coordinación. La pregunta abierta es si esa coordinación se producirá bajo el liderazgo de Fernández con apoyo residual del PLD, o si el partido morado logrará reconstruir suficiente fuerza propia para pesar por sí mismo. Los patrones históricos desde 2019 sugieren que la primera opción es la de menor fricción. Ese es, precisamente, el punto que Baret insiste en subrayar.

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