SANTO DOMINGO. – En un hecho que ha encendido las alarmas entre la comunidad intelectual y los historiadores literarios del país, la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña (BNPHU) difundió en sus plataformas oficiales una gráfica conmemorativa que contiene un grave error cronológico sobre la vida del laureado escritor y poeta dominicano Enriquillo Sánchez.
La publicación, diseñada para conmemorar el natalicio del intelectual, fija erróneamente su año de nacimiento en 1957, restándole de golpe una década completa a su verdadera existencia. Sánchez, una de las mentes más brillantes de las letras nacionales, nació en realidad el 25 de agosto de 1947 y falleció el 13 de julio de 2004.
Un error que quiebra la historia literaria
El fallo tipográfico e institucional no es un asunto menor, ya que desvirtúa por completo la cronología histórica y generacional del autor:
- La paradoja de los premios: Al validar la fecha de 1957, se crearía el absurdo histórico de que Enriquillo Sánchez habría obtenido sus primeras menciones de honor en el prestigioso concurso de cuentos de La Máscara en 1966 teniendo apenas 9 años de edad.
- Anacronismo de la Postguerra: Sánchez es un pilar fundamental de la Generación de Postguerra y del combativo grupo cultural El Puño. El error gráfico lo sitúa como un niño de 8 años durante la Revolución de Abril de 1965, invisibilizando su madurez intelectual e impacto directo en los movimientos literarios surgidos tras la gesta armada.
- Reducción de su longevidad: La imagen condensa la vida del ensayista a solo 46 años, cuando en realidad el país lamentó su deceso a los 57 años de edad, en plena madurez de su producción literaria y periodística.
La alerta de los expertos
Historiadores y académicos han manifestado su preocupación ante el descuido, recordando que la Biblioteca Nacional es la máxima entidad llamada a salvaguardar, clasificar y difundir la memoria bibliográfica e histórica de la República Dominicana. La permanencia de este tipo de contenidos en redes sociales digitales genera un “efecto dominó” de desinformación, donde estudiantes e investigadores noveles absorben y replican datos erróneos respaldados por un sello institucional oficial.
Hasta el momento, la institución no ha emitido una fe de erratas ni ha sustituido la imagen en sus canales de difusión, lo que mantiene abierto el debate sobre los filtros de curaduría y edición de los contenidos que se sirven al público general.