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Santo Domingo, 21 de abril de 2026 – Aunque la moneda oficial es el peso dominicano (DOP), el dólar estadounidense (USD) funciona como una segunda moneda de facto en República Dominicana. Remesas, turismo, comercio y grandes inversiones hacen del billete verde un actor protagonista que influye directamente en los bolsillos de millones de dominicanos, incluso cuando el Banco Central mantiene un régimen de flotación administrada.
Según la tasa de referencia publicada este lunes por el Banco Central de la República Dominicana (BCRD), el dólar se cotiza en torno a 59.55 pesos para la compra y 60.34 pesos para la venta. Tras una apreciación del peso en los primeros tres meses del año —que llegó a rozar los 59 pesos—, la moneda norteamericana se ha estabilizado cerca de la barrera psicológica de los 60 pesos, nivel que los analistas consideran cómodo tanto para el Gobierno como para los hogares.
Las remesas siguen siendo el principal canal de entrada de dólares. Solo en el primer trimestre de 2026 ingresaron 3.019,6 millones de dólares desde Estados Unidos (el 80 % del total), un 1,9 % más que en igual período de 2025. Ese flujo constante sostiene el consumo familiar y engrosa las reservas internacionales, que alcanzaron los 16.100 millones de dólares netos en marzo.
El turismo y las zonas francas también respiran en dólares. Los visitantes estadounidenses y europeos pagan en la moneda que prefieren, y las exportaciones manufactureras se facturan casi íntegramente en USD. Una ligera depreciación del peso favorece la competitividad de estos sectores, mientras que una apreciación excesiva —como la vista en marzo— genera preocupación entre hoteleros y exportadores porque encarece el destino dominicano frente a competidores regionales.
En el lado de los importadores y consumidores, la estabilidad actual es una buena noticia. Alrededor del 60 % de los bienes que entran al país provienen o se cotizan en dólares (combustibles, maquinaria, alimentos y electrodomésticos). Con el tipo de cambio anclado cerca de 60 pesos, la inflación importada se mantiene controlada: el índice general de precios subió solo 4,63 % interanual en marzo.
Sin embargo, la fuerte dolarización informal también tiene costos. Los sectores más vulnerables sienten con mayor fuerza cualquier salto del dólar, porque los precios de la canasta básica reaccionan rápidamente. Al mismo tiempo, una apreciación prolongada del peso reduce el valor en pesos de las remesas y puede desincentivar la llegada de divisas futuras.
Los expertos del BCRD proyectan que el dólar cerrará 2026 en un promedio de 63,95 pesos y podría acercarse a los 66-69 pesos hacia finales de año, un escenario de depreciación gradual y ordenada que permitiría mantener la competitividad sin generar pánico cambiario.
Para analistas económicos, esta relación especial con el dólar es, más que un riesgo, una ventaja comparativa. “La economía dominicana cuenta con un colchón natural de dólares que amortigua choques externos y facilita la integración con el mayor socio comercial”, señala un informe reciente del propio Banco Central. Mientras las remesas, el turismo y la inversión extranjera directa sigan fluyendo con fuerza, el país puede seguir disfrutando de estabilidad macroeconómica y crecimiento proyectado entre 4 % y 4,5 % para 2026.
En las calles, el interés por el precio del dólar no baja. Las búsquedas en Google sobre “dólar estadounidense” siguen en tendencia diaria, reflejo de que, para familias, comerciantes y empresarios, el tipo de cambio no es solo una estadística: es la diferencia entre pagar las cuentas o ajustar el presupuesto.
Así, sin ser moneda oficial, el dólar sigue siendo el termómetro invisible —y poderoso— de la economía dominicana.

