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Rubén Bichara, exvicepresidente ejecutivo de la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE) bajo la administración del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), ha destacado públicamente la reciente ocurrencia de dos apagones generales en la República Dominicana en menos de tres meses. Señala que esto marca un retroceso significativo, ya que el país había pasado aproximadamente entre 10 y 11 años sin incidentes de esta magnitud.
Señala que esto representa un retroceso significativo, ya que el país había pasado aproximadamente entre 10 y 11 años sin incidentes de esta magnitud.
Estos comentarios se producen en medio de un apagón reciente el 23 de febrero de 2026, que interrumpió el servicio en gran parte del país. Bichara atribuye los problemas principalmente a deficiencias en el mantenimiento del sistema, la falta de actualizaciones continuas de la infraestructura de protección (como los esquemas de protección diferencial para subestaciones y líneas que, según él, se iniciaron durante su mandato) y la insuficiente inversión en el sector de distribución eléctrica.
Ha instado a los funcionarios actuales, incluidos los del Organismo Coordinador y la Empresa de Transmisión Eléctrica, a presentar un informe transparente y objetivo sobre las causas reales, enfatizando que estos eventos no pueden considerarse aislados sin una investigación adecuada.
Los comentarios de Bichara aparecen en entrevistas y declaraciones públicas compartidas en plataformas como X, donde advierte que, sin abordar estas deficiencias —como la actualización de las protecciones de tipo software en las subestaciones—, el sistema corre el riesgo de deteriorarse aún más.
Contrasta esto con mejoras pasadas, como la instalación de sistemas de monitoreo y protecciones bajo administraciones anteriores, que, según él, contribuyeron a la estabilidad que duró una década.
Estas declaraciones tienen un trasfondo político, ya que critican implícitamente la gestión del sector energético por parte del gobierno actual (bajo el presidente Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno), alineándose con las narrativas del PLD sobre logros pasados.
Los apagones tienen efectos inmediatos y generalizados en la vida cotidiana y la infraestructura en República Dominicana:
El apagón del 23 de febrero de 2026 afectó sistemas de movilidad como el metro y el teleférico, semáforos, hospitales e incluso vehículos eléctricos.
Los hospitales, en particular, enfrentan riesgos para la atención a los pacientes durante los cortes, ya que los equipos médicos y los servicios de emergencia dependen de un suministro eléctrico fiable.
Empresas, industrias y hogares experimentan interrupciones, lo que resulta en una pérdida de productividad. Por ejemplo, las actividades comerciales se detienen y los productos perecederos en tiendas o viviendas pueden echarse a perder.
Bichara señala que la fiabilidad energética es un indicador clave del bienestar social, que afecta a todo, desde el trabajo hasta el ocio.
Los cortes generalizados generan descontento público, como se observa en las discusiones en redes sociales, y pueden agravar los problemas de seguridad en zonas urbanas como La Vega, donde fallan el alumbrado público y los sistemas de seguridad. La frecuencia (dos en menos de tres meses) aumenta la ansiedad sobre la confiabilidad, especialmente después de un largo período de estabilidad.
Si no se abordan, estos apagones podrían derivar en problemas sistémicos más amplios:
Bichara advierte que, sin nuevas inversiones en distribución y una gestión adecuada, el país podría enfrentarse a una crisis energética de gran magnitud, similar a las de épocas pasadas con frecuentes apagones.
Esto incluye posibles sobrecargas en infraestructuras obsoletas, mayores pérdidas en el sistema eléctrico (ya que anteriormente ha atribuido los apagones a “enormes pérdidas”) y mayores costos para los consumidores debido al aumento de tarifas o medidas de emergencia.
Los eventos alimentan las críticas de la oposición, y figuras del PLD los utilizan para destacar las supuestas fallas de la actual administración.
Esto podría erosionar la confianza pública en las instituciones gubernamentales responsables de la energía, lo que podría influir en las próximas elecciones o debates políticos.
Las interrupciones repetidas obstaculizan el crecimiento económico, desalientan la inversión extranjera (por ejemplo, en turismo o manufacturas que dependen de un suministro eléctrico estable) y sobrecargan los servicios sociales.
En un país donde el acceso a la energía está ligado a la reducción de la pobreza, esto podría ampliar las desigualdades, particularmente en zonas rurales o marginadas como La Vega.
Las declaraciones de Bichara subrayan la necesidad de actuar de inmediato para evitar una escalada:
El gobierno debe priorizar el mantenimiento continuo, las actualizaciones del sistema y las inversiones en protección para restablecer la confiabilidad.
Un informe detallado y objetivo sobre las causas es esencial para la rendición de cuentas y para reconstruir la confianza pública.
A partir del contexto histórico, la inversión sostenida en distribución y monitoreo, más allá de la simple generación (por ejemplo, la planta de Punta Catalina, que Bichara elogia como un pilar), es crucial para evitar que se vuelvan a producir cortes de energía crónicos.
Estos incidentes ponen de relieve la interrelación entre la estabilidad energética y la gobernanza. El período de 10 años sin apagones sugiere que las políticas eficaces funcionan, pero las fallas en la supervisión pueden perjudicar el progreso.
En última instancia, abordar esto requiere la colaboración entre los partidos para garantizar que la energía sea una prioridad no partidista para el desarrollo nacional

