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El 2 de diciembre de 2025, durante una reunión del gabinete de la Casa Blanca, el presidente Donald Trump, entonces de 79 años, pareció tener dificultades para mantenerse despierto.
Durante la sesión de más de dos horas, se le observó cerrando los ojos durante largos periodos y pareciendo cabecear mientras los funcionarios del gabinete discutían su trabajo y los elogiaban.
Este no fue un hecho aislado; informes reportaron casos similares en reuniones anteriores, incluyendo una en el Despacho Oval el mes anterior.
Trump se refirió posteriormente a las imágenes en una reunión del gabinete de enero de 2026 y en una entrevista con la revista New York, negando estar dormido.

En cambio, afirmó que cerró los ojos porque las reuniones eran “aburridísimas” y quería “salir pitando de allí”, enfatizando que escuchaba cada palabra, pero que las largas sesiones (algunas de más de tres horas) le resultaban tediosas.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, lo defendió, afirmando que estaba “escuchando atentamente” y liderando activamente.
El evento generó una amplia cobertura mediática y debate en redes sociales, lo que amplificó la preocupación por la edad y la resistencia de Trump, el presidente estadounidense de mayor edad jamás elegido.
Medios como The New York Times, PBS y USA Today destacaron las imágenes, a menudo enmarcándolas en narrativas más amplias sobre el envejecimiento en el cargo y la fatiga.
En X (antes Twitter), el incidente se viralizó, con publicaciones que acumularon decenas de miles de visualizaciones, “me gusta” y reenvíos.
Los críticos se burlaron de él con apodos como “Don Dormilón” o “Fábrica de Pedos Narcoleptica”, mientras que algunos expresaron su alarma por los posibles riesgos para la toma de decisiones a nivel nacional.
Sus partidarios y medios conservadores, como The Daily Signal y The Western Journal, lo minimizaron, calificándolo de broma o de un simple guiño, compartiendo clips de Trump riéndose de las afirmaciones.
Programas nocturnos y vídeos de YouTube, incluyendo uno de un canal de comedia con más de 4,8 millones de visualizaciones, satirizaron el momento, contribuyendo a un meme cultural.
El biógrafo Michael Wolff reportó “pánico moderado” en la Casa Blanca, con el personal inseguro de cómo gestionar tales lapsus públicos.
Políticamente, el incidente alimentó los llamados de los opositores a invocar la Enmienda 25, con figuras como el influencer demócrata Harry Sisson y relatos como Call to Activism argumentando que demostraba incompetencia y vergüenza para la nación.
Intensificó el escrutinio sobre la salud de Trump, especialmente en medio de otros informes de moretones en sus manos (posiblemente por medicación) y lapsus de memoria, como la dificultad para recordar “Alzheimer” al hablar de la enfermedad de su padre.
Sin embargo, no se tomaron medidas formales, y Trump aprovechó las reuniones posteriores para acortar las sesiones y centrarse en el humor, lo que podría mitigar el daño entre su base.
En términos de imagen pública, reforzó las divisiones partidistas: los detractores lo vieron como una prueba de declive, mientras que los aliados lo interpretaron como una exageración mediática.
No se reportaron interrupciones políticas, pero contribuyó a los debates en curso sobre los límites de edad para los presidentes, haciéndose eco de críticas similares a predecesores como Joe Biden.
Este episodio pone de relieve problemas más amplios con los líderes de edad avanzada en puestos de alta responsabilidad, donde la fatiga puede cuestionar la agudeza cognitiva y la eficacia del liderazgo.
La evasiva de Trump —culpar al aburrimiento en lugar de admitir que dormía— puede haberlo humanizado para algunos, pero no logró disipar por completo las preocupaciones sobre su salud, dado el patrón de incidentes (incluidos durante desfiles militares y reuniones con líderes extranjeros).
En última instancia, si bien generó un breve revuelo mediático y participación en redes sociales, no tuvo consecuencias institucionales significativas para finales de enero de 2026, lo que sugiere resiliencia en la marca política de Trump a pesar de sus vulnerabilidades.


