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El 7 de diciembre de 2025, una pequeña facción de soldados benineses, liderada por el teniente coronel Pascal Tigri e identificada como el “Comité Militar para la Refundación”, lanzó un intento de golpe de Estado contra el presidente Patrice Talon.
Los conspiradores atacaron la residencia de Talon en Porto-Novo, tomaron la radiodifusión estatal (BTV) y anunciaron en televisión nacional la suspensión de la constitución de noviembre de 2025, la disolución de todas las instituciones, la suspensión de los partidos políticos y el cierre de las fronteras terrestres, marítimas y aéreas de Benín.

Argumentaron, entre otras quejas, el deterioro de la seguridad en el norte de Benín, la negligencia hacia las familias de los soldados caídos en combate y los ascensos injustos dentro del ejército.
Sin embargo, elementos leales de las Fuerzas Armadas Beninesas (FAB) intervinieron rápidamente, recuperando el control en cuestión de horas.
El ministro del Interior, Alassane Seidou, confirmó que el complot fue frustrado, con una docena de soldados detenidos y sin bajas reportadas.
El presidente Talon se encuentra a salvo y el gobierno instó a la ciudadanía a reanudar sus actividades normales. Esto marca la última ola de inestabilidad del “Cinturón Golpeista” en África Occidental, aunque la trayectoria democrática de Benín (estable desde 1991) lo convertía en un candidato improbable.
Dada la brevedad del evento (que tuvo lugar hoy mismo), los análisis de impactos y consecuencias son preliminares y se basan en declaraciones iniciales del gobierno, fuentes de seguridad y observadores regionales.
Impactos de la intervención de las Fuerzas Armadas
La rápida respuesta de la FAB, descrita como “republicana” y comprometida, evitó la escalada y reforzó la resiliencia institucional.
Refuerza la legitimidad del presidente Talon de cara a las elecciones presidenciales de abril de 2026, presentándolo como un superviviente de la disidencia militar.
Talon, en el poder desde 2016 y criticado por sus tendencias autoritarias (por ejemplo, la exclusión de sus rivales de las elecciones), podría utilizar esto para justificar controles más estrictos sobre la oposición.
Expone fracturas en la élite gobernante, lo que podría erosionar la confianza pública si se percibe como un síntoma de un autoritarismo más amplio.
Las detenciones inmediatas neutralizaron la amenaza, y las fuerzas leales aseguraron lugares clave como la residencia presidencial y la emisora.
Sin embargo, esto pone de aliviar las vulnerabilidades del ejército, especialmente en medio de las insurgencias yihadistas en el norte (por ejemplo, de grupos como JNIM), a las que los conspiradores atribuyeron la falta de atención a la situación de los soldados.
Una mayor vigilancia a corto plazo podría agotar los recursos, pero demuestra la cohesión de la FAB bajo el mando del Jefe del Estado Mayor de la Defensa, Adérito da Fonseca.
Hasta la fecha, la perturbación ha sido mínima; se anunció brevemente el cierre de las fronteras, pero parece que se han reabierto, lo que ha evitado interrupciones comerciales con vecinos como Nigeria (el principal socio de Benín).
La economía de Benín, dependiente del algodón y de los puertos (Cotonú gestiona el 80 % del comercio regional), evitó el pánico militar, aunque la confianza de los inversores podría tambalearse si se producen purgas.
Posibilidad de flujos de ayuda de la CEDEAO o Francia para fomentar la estabilidad.
En el ámbito social, la rápida resolución calmó los temores de la población, y no se registraron casos de violencia en centros urbanos como Cotonú. Sin embargo, amplifica la desilusión juvenil en un país con un 50% de menores de 18 años y un alto desempleo.
A nivel regional, refuerza la postura antigolpista de la CEDEAO, pero genera tensión en el bloque en medio de los recientes éxitos en Malí, Burkina Faso y Níger. El supuesto despliegue de aviones de combate por parte de Nigeria (posiblemente por precaución) indica la preocupación transfronteriza por los flujos de refugiados o la propagación de la violencia.
El éxito de la intervención tiene consecuencias tanto estabilizadoras como desestabilizadoras:
mAl menos 12 conspiradores detenidos, incluyendo a Tigri; se esperan juicios bajo las leyes antigolpistas, que podrían derivar en ejecuciones o purgas. El ministro de Asuntos Exteriores, Olushegun Adjadi Bakari, confirmó que la situación está bajo control.
La televisión estatal y las fronteras volvieron a estar bajo la supervisión del gobierno, lo que indica una interrupción operativa mínima.
Es probable que la CEDEAO y Francia (antigua potencia colonial de Benín) condenen el intento y elogien a la FAB; es posible que EE. UU. emita pronto alertas de viaje.
Necesidad urgente de abordar las quejas de los conspiradores (por ejemplo, la asistencia social para las tropas del norte) para evitar que se repitan; podría implicar ascensos o aumentos de la ayuda, pero corre el riesgo de politizar a la FAB.
Con las elecciones de 2026 a la vuelta de la esquina, Talon podría modificar las leyes para prohibir la participación de figuras “desleales”, lo que reforzaría su control parlamentario del 80%, pero alejaría a los votantes.
Si no se aborda, la inseguridad en el norte podría extenderse a Togo o Nigeria, agravando la fatiga por las sanciones de la CEDEAO. Las reacciones en redes sociales resaltan el temor de que Benín se una a la tendencia de las juntas, aislando a quienes se resisten a la democracia.
Preocupaciones en materia de Derechos Humanos: La posible represión de presuntos simpatizantes podría atraer la atención de Amnistía Internacional.
El intento de las FAB de frustrar el golpe de Estado es una victoria excepcional para la democracia de África Occidental, que reafirma la estabilidad de Benín posterior a 1990 en medio de un aumento regional de golpes de Estado exitosos (8 desde 2020).
Los expertos lo consideran una prueba del control de Talon sobre las redes leales, pero una señal de alerta ante un malestar más profundo: estancamiento económico (crecimiento del PIB de aproximadamente el 3 % en medio de la inflación) y presiones yihadistas en el Sahel.
Analistas como los de Africa Report concluyen que, si bien la escala poco profesional del complot (un grupo pequeño, sin apoyo masivo) aseguró el fracaso, ignorar los problemas socioeconómicos militares podría alentar futuros intentos.
En última instancia, este episodio subraya la fragilidad de la protección antigolpista en regímenes híbridos: el éxito de Talon depende de la fidelidad a las FAB, pero una paz sostenida requiere una gobernanza inclusiva e inversión del norte.
Si se aprovecha con prudencia, podría catalizar reformas; de lo contrario, Benín corre el riesgo de caer en el “cinturón golpista”. La vigilancia continua a través de la CEDEAO será crucial para la contención regional.

