“Castillo vs. García”: La disputa interna que define el futuro del PLD de cara a 2028, mientras Francisco Javier por encima de Gonzalo Castillo en impacto en 14 provincias en los últimos siete días, según mediciones

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La rivalidad entre Gonzalo Castillo y Francisco Javier García se ha convertido en la principal contienda interna del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) por la nominación presidencial de 2028. Al cierre de septiembre de 2026 el enfrentamiento permanece abierto, con una consulta interna no vinculante programada para el 18 de octubre.

Gonzalo Castillo, exministro de Obras Públicas (2012-2019) y candidato presidencial del PLD en 2020 —cuando obtuvo cerca del 37 % de los votos frente a Luis Abinader—, regresó a la carrera tras un período de menor visibilidad vinculado al caso Operación Calamar. En mayo de 2026 recibió un “no ha lugar” que reforzó su posición.

Francisco Javier García, figura histórica del partido, exministro de Turismo y experimentado organizador de campañas (incluyendo roles de apoyo a Leonel Fernández y Danilo Medina), arrancó antes y construyó una estructura territorial. Otros aspirantes iniciales, como Francisco Domínguez Brito y Charlie Mariotti, se retiraron o perdieron fuerza, dejando a Castillo y García como los claros favoritos, con Abel Martínez como posible factor externo al proceso temprano.

El PLD, que perdió el poder en 2020 y cayó al tercer lugar con apenas 10-11 % en 2024, intenta anticipar su proceso interno con una consulta semiabierta para medir apoyos antes del calendario formal de nominación de 2027. La iniciativa ha enfrentado cuestionamientos legales y críticas internas.

La entrada de Castillo reconfiguró el escenario. Inyectó energía y visibilidad —las encuestas de inicios de 2026 lo mostraban liderando o empatado con García—, pero también reavivó tensiones faccionales similares a la fractura de 2019 que dio origen a Fuerza del Pueblo. García ha acusado públicamente a sectores vinculados a Castillo (entre ellos Andrés Navarro y Tommy Galán) de impulsar la exclusión de unos 523.000 electores del padrón de la consulta y de ofrecer dinero para desplazar apoyos, elevando el clima de desconfianza y denuncias de posible fraude.

La disputa ha puesto de relieve bases de poder rivales. Algunos analistas atribuyen a García una estructura organizativa más compacta, mientras Castillo se apoya en su popularidad residual, su imagen de “El Penco” orientado a resultados y el respaldo de aspirantes que se retiraron. El riesgo de mayor fragmentación es real en un partido ya debilitado por escisiones y renuncias previas.

En el panorama nacional, el enfrentamiento mantiene al PLD en la conversación como posible tercera fuerza o socio de coalición para 2028, lejos de ser una organización agotada. La absolución judicial de Castillo y su fortaleza en sondeos entre simpatizantes (un tracking de septiembre de 2026 lo situaba al frente) abren la posibilidad de una oposición más competitiva, aunque las disputas públicas sobre el padrón alimentan narrativas de disfunción que los adversarios pueden aprovechar.

Las acusaciones de compra de votos, manipulación del padrón y favoritismo han erosionado la percepción de transparencia institucional y podrían acelerar deserciones si la consulta de octubre se percibe como ilegítima. El proceso es no vinculante y busca solo una “fotografía” de apoyos; la selección formal del candidato sigue prevista para 2027, según los plazos de la ley electoral. Los recursos ante el Tribunal Superior Electoral continúan nublando el panorama.

Se observan realineamientos: algunas figuras danilistas han respaldado públicamente a García, complicando la idea de que Castillo sea el “delfín” preferido de Medina. Las retiradas de candidatos menores concentraron apoyos, pero dejaron rencores residuales. A largo plazo, un desenlace amargo podría repetir el patrón de 2019, erosionar aún más la base electoral del PLD y dificultar cualquier estrategia de alianza opositora frente al PRM o Fuerza del Pueblo.

La rivalidad ha revitalizado la competencia interna y la atención pública sobre un PLD menguado, pero a costa de renovado faccionalismo y dudas sobre su credibilidad. Castillo combina reconocimiento de nombre, experiencia como candidato y el alivio legal reciente, lo que lo convierte en el favorito en los sondeos disponibles entre simpatizantes. García, con su arranque anticipado y trabajo organizativo, se mantiene como el principal contendiente capaz de disputar la consulta.

Hasta finales de septiembre de 2026 el escenario sigue abierto. La consulta del 18 de octubre ofrecerá una medida pública de apoyos, pero no resolverá legalmente la nominación. Los factores decisivos serán la aceptación de transparencia del proceso, la reacción del bando perdedor y la capacidad del partido de transformar la energía interna en recuperación electoral, en lugar de otra fractura. El desenlace marcará la viabilidad del PLD como actor nacional en 2028 y pondrá a prueba si puede gestionar la sucesión sin repetir las divisiones de 2019-2020

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