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La Asamblea Nacional de Delegados del Partido Revolucionario Moderno (PRM), reunida el 9 de agosto de 2026 en su XXIV Convención Nacional Ordinaria “Orlando Jorge Mera”, eligió por aclamación a Juan Garrigó Mejía (31 años) como nuevo secretario general. La designación forma parte de una “plancha unitaria” para el período 2026-2030, que también confirmó a Luis Abinader como presidente del partido.

Garrigó Mejía sustituye a su madre, Carolina Mejía, alcaldesa del Distrito Nacional, quien ocupó el cargo durante aproximadamente ocho años. Economista y politólogo con estudios en American University (Washington, D.C.) y formación de posgrado en Barna Management School y Georgetown, es hijo de Carolina Mejía y Juan Garrigó Lefeld, y nieto del expresidente Hipólito Mejía. Antes de esta designación se desempeñó como director del bloque de senadores del PRM (2016-2020), integró comisiones de alianzas en las elecciones de 2020 y 2024, y desde 2020 ejerce como viceministro de Gestión Social y Comunitaria de la Presidencia.
La plancha incluye a figuras de distintas corrientes internas. Gloria Reyes, vinculada al sector de David Collado y Eduardo Sanz Lovatón, fue electa secretaria de Organización Nacional. El acuerdo busca preservar el equilibrio entre facciones de cara al proceso de selección del candidato presidencial previsto para 2027 y las elecciones de 2028.
El nombramiento consolida la influencia del sector ligado a la familia Mejía en un puesto clave de la estructura partidaria, al tiempo que incorpora a representantes de corrientes emergentes. A sus 31 años, Garrigó representa un rostro generacional más joven, aunque la sucesión madre-hijo ha generado lecturas encontradas: mientras la dirigencia oficial destaca la unidad, la preparación y el mérito, voces críticas advierten sobre riesgos de “sucesión biológica” o enquistamiento familiar.
Hipólito Mejía defendió públicamente la elección y subrayó que el respeto en política se gana, no se hereda. El propio Garrigó ha insistido en mensajes de servicio a la militancia, escucha a la base y continuidad de los logros electorales del partido.
En el corto plazo, el consenso evitó confrontaciones abiertas en la asamblea y proyecta estabilidad interna. Sin embargo, el verdadero examen llegará en los próximos dos años: la capacidad del nuevo liderazgo para organizar el partido, gestionar ambiciones internas y preparar la maquinaria de cara a 2028, cuando Abinader no podrá buscar la reelección inmediata por límite constitucional. El equilibrio formal entre corrientes deberá traducirse en cohesión real si el PRM pretende evitar desgaste de imagen y mantener competitividad electoral.
