Leah Francis Campos: La embajadora “Trump” que sacude las relaciones entre Estados Unidos y República Dominicana

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Santo Domingo, 1 de junio de 2026 – Siete meses después de asumir el cargo, la embajadora Leah Francis Campos ha marcado un estilo diplomático inédito en la historia reciente de las relaciones bilaterales: directo, ideológico y sin filtros. Nombrada por el presidente Donald Trump y confirmada en octubre de 2025, la diplomática republicana con pasado en la CIA y el sector privado ha convertido la Embajada de Estados Unidos en un actor visible y, para algunos, polémico en la política dominicana.

Campos ha optado por una diplomacia de “América Primero” y “República Dominicana Primero”, con énfasis en la lucha contra la corrupción, la contención de la influencia china, la seguridad fronteriza y el fortalecimiento de los lazos económicos. Su enfoque ha generado tanto elogios como fuertes críticas, incluyendo acusaciones de injerencia en los asuntos internos del país.

Cierre temporal de la DEA y la cruzada anticorrupción

Uno de los momentos más impactantes de su gestión ocurrió a inicios de 2026, cuando ordenó el cierre temporal de la oficina de la DEA en Santo Domingo tras una investigación interna por presunto fraude de visas y corrupción que involucraba a un supervisor, quien fue arrestado. La embajadora presentó la medida como una política de “tolerancia cero”, incluso ante la mera percepción de corrupción.

La oficina reabrió en marzo bajo nueva dirección. Aunque se trató de un asunto interno estadounidense, el caso resonó fuertemente en República Dominicana y la región, reforzando la imagen de Estados Unidos como exigente en materia de integridad, pero generando tensiones operativas temporales en la lucha antinarcóticos.

Diplomacia económica y nearshoring

En paralelo, Campos ha mantenido una agenda activa con el sector privado. Ha visitado empresas como Central Romana, se ha reunido con la Cámara Americana de Comercio (AMCHAMDR) y ha promovido el nearshoring, la inversión estadounidense y la integración de las cadenas de suministro en regiones como Santiago y Cibao.

Este enfoque ha sido bien recibido por sectores empresariales dominicanos interesados en fortalecer los lazos comerciales, manufactureros y agroindustriales con Estados Unidos.

Migración, Haití y posicionamiento geopolítico

La embajadora ha vinculado frecuentemente la crisis haitiana con los desafíos migratorios en la frontera sur de Estados Unidos, defendiendo la seguridad fronteriza y los procesos de deportación. Además, ha expresado abiertamente su preocupación por la creciente influencia china en el Caribe.

Polémicas y acusaciones de injerencia

Sin embargo, su estilo confrontacional le ha generado fuertes críticas. Campos ha cuestionado públicamente lo que denomina “lawfare” (uso político de la justicia), ha criticado la participación de funcionarios dominicanos en cumbres de izquierda como la IV Cumbre en Defensa de la Democracia en Barcelona, y ha utilizado un lenguaje fuerte —incluyendo referencias bíblicas— en redes sociales.

Algunos adversarios a Estados Unidos han reaccionado, y algunas voces locales y el embajador chino han acusado a Campos de violar el artículo 41 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, al inmiscuirse en asuntos soberanos de la República Dominicana. Algunos sectores han pedido protestas formales.

Sus defensores, en cambio, la elogian por su franqueza, su defensa de la libertad de prensa y su respeto a los valores compartidos, incluyendo la herencia cristiana de ambos países.

Balance a siete meses de gestión

A siete meses de su llegada, Leah Francis Campos representa un cambio claro hacia una diplomacia más robusta y alineada con la visión ideológica de la administración Trump. Ha inyectado dinamismo a las relaciones bilaterales, especialmente en materia económica y de gobernanza, pero también ha expuesto las tensiones inherentes entre un socio asimétrico como Estados Unidos y la sensibilidad dominicana respecto a su soberanía.

Su permanencia en el cargo aún es corta para emitir un veredicto definitivo. Sin embargo, queda claro que la era Campos marca un antes y un después: menos protocolo tradicional y más confrontación de ideas. El éxito futuro de su gestión dependerá de su capacidad para combinar su natural asertividad con la fineza diplomática que requieren las delicadas relaciones entre Washington y Santo Domingo.

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