SANTO DOMINGO. — En el archivo visual de la historia dominicana, pocas imágenes poseen la fuerza narrativa de aquella captura lograda por el lente del fotorreportero Juan Pérez Terrero. Aunque por años circuló con el error cronológico de 1967, la realidad es mucho más trascendental: la imagen registra el arresto de un joven José Francisco Peña Gómez el 24 de abril de 1965, el día exacto en que la nación cambió para siempre.
El instante del estallido
La cronología de aquel sábado es vertiginosa. Apenas momentos antes de que se tomara la fotografía, Peña Gómez ocupaba los micrófonos de Radio Televisión Dominicana. Con una oratoria eléctrica que lo definiría de por vida, el dirigente anunció la sublevación militar contra el gobierno del Triunvirato, dando inicio formal a lo que hoy conocemos como la Revolución de Abril.
La respuesta del régimen no se hizo esperar. Efectivos de la Policía Nacional, encabezados por el coronel Ramón Adames Ovalles, irrumpieron en las instalaciones para acallar la voz que llamaba al pueblo a las calles.
La imagen captura ese preciso momento: el forcejeo, la tensión del uniforme contra la voluntad civil y el rostro de un líder que, a pesar de la detención, ya había encendido la mecha del retorno a la constitucionalidad.
Un símbolo de resistencia
Más allá de la anécdota policial, la obra de Pérez Terrero se ha convertido en un ícono de la lucha democrática. En ella se condensa el riesgo que enfrentaron los líderes del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) tras el exilio de Juan Bosch y la fragilidad de la libertad de expresión en la década de los 60.
Peña Gómez, quien posteriormente se consolidaría como el líder de masas más influyente del siglo XX en el país, aparece en la foto no solo como un detenido, sino como el catalizador de un movimiento social que buscaba devolverle la presidencia al profesor Bosch y restaurar la Constitución de 1963.
Hoy, al corregir la fecha de esta fotografía, no solo se hace justicia a la precisión histórica, sino que se revaloriza el peso de ese 24 de abril, el día en que la imagen y el hombre se fundieron en el inicio de la gesta más heroica de la República Dominicana contemporánea

