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El 23 de febrero de 2026, la República Dominicana sufrió un apagón general que afectó a gran parte del país.
El corte comenzó alrededor de las 10:30 a. m. y 10:53 a. m., hora local (AST), y los reportes se intensificaron al mediodía.
Según la Empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana (ETED), propiedad estatal, el incidente se derivó de una falla significativa en el Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI), lo que provocó un corte en cascada de la generación y transmisión de energía.

Este marca el segundo apagón generalizado a nivel nacional en poco más de tres meses, tras un evento similar en noviembre de 2025 que también expuso vulnerabilidades sistémicas en la red.

El apagón se ha descrito como parcial pero extenso, en lugar de ser total en toda el país, aunque afectó a centros urbanos y provincias clave.

Las labores de restablecimiento comenzaron a primera hora de la tarde, con los protocolos de emergencia activados por la ETED, el Organismo Coordinador del Sistema Eléctrico Nacional y empresas distribuidoras como Edeeste, Edesur y Edenorte.

Sin embargo, a las 2:36 p.m. AST, los plazos de recuperación total seguían sin estar claros y no se había publicado ninguna explicación oficial detallada de la causa raíz.

El apagón afectó principalmente a el Gran Santo Domingo: Incluye el Distrito Nacional, Santo Domingo Este, Villa Mella y zonas como Piantini.
Regiones norte y centro, impactó en Santiago (se reportó sin suministro eléctrico en algunos casos), La Vega (su ubicación, donde los cortes fueron generalizados), San Francisco de Macorís, Samaná, Monte Plata.
Provincias sur y este: San Cristóbal, Azua, Peravia, Hato Mayor del Rey y partes de San Pedro de Macorís (cerca de un posible foco de falla).
Otros informes dispersos: Hainamosa-Villa Duarte y zonas rurales más amplias.
Las actualizaciones en tiempo real de X (anteriormente Twitter) en redes sociales confirmaron la magnitud, con usuarios de estas regiones reportando un corte repentino de suministro eléctrico alrededor de la madrugada.
El apagón causó interrupciones inmediatas y generalizadas en la vida cotidiana, la infraestructura y los servicios:
El tráfico se volvió caótico debido al mal funcionamiento de los semáforos, lo que provocó congestiones y un mayor riesgo de accidentes en zonas urbanas como Santo Domingo y Santiago.
Los sistemas del Metro de Santo Domingo y el Teleférico se paralizaron temporalmente, obligando a evacuaciones y dejando varados a los pasajeros.
Las interrupciones del transporte público agravaron los problemas de movilidad en zonas densamente pobladas.
Actividades comerciales y económicas: Negocios, tiendas y oficinas sufrieron interrupciones, muchas de las cuales cerraron temprano o funcionaron con capacidad reducida.
Las fallas en las telecomunicaciones afectaron los servicios de internet y telefonía en algunos lugares, dificultando el teletrabajo y las transacciones en línea.
Las pequeñas empresas sin generadores de emergencia fueron las más afectadas, reportando posibles pérdidas por productos dañados o la interrupción de sus operaciones.
Los retrasos afectaron a oficinas públicas y privadas, incluyendo edificios gubernamentales. Si bien es probable que los principales hospitales y bancos hayan cambiado a generadores (según los patrones del apagón de noviembre de 2025), las instalaciones y viviendas más pequeñas de La Vega y zonas similares permanecieron sin electricidad, lo que podría dificultar la respuesta ante emergencias.
La capacidad de generación se redujo drásticamente, pasando de los más de 2600 MW previstos a entre 955 y 1083 MW en el punto álgido del fallo, con más de 1500 MW fuera de servicio. Esto afectó a aproximadamente millones de residentes en un país de aproximadamente 11 millones de personas.
En La Vega, específicamente, los informes locales coincidieron con patrones más generales: apagones totales o casi totales que afectaron a hogares, comercio local y, posiblemente, actividades agrícolas que dependen de bombas o maquinaria eléctrica.
El evento tiene un efecto dominó más amplio, amplificando los desafíos existentes en el sector energético de la República Dominicana:
Las interrupciones en las industrias, el comercio minorista y los servicios podrían resultar en pérdidas millonarias de productividad.
Para contextualizar, el apagón de noviembre de 2025 causó problemas similares, con estimaciones de impactos económicos diarios de decenas de millones de dólares debido a la interrupción de las operaciones y la sobrecarga de la infraestructura.
Esta recurrencia podría erosionar la confianza empresarial y afectar al turismo, un sector clave.
En un clima propenso al calor, los cortes prolongados pueden generar problemas de salud como el agotamiento por calor, especialmente para los grupos vulnerables.
Las interrupciones del suministro de agua (si fallan las bombas) y el deterioro de los alimentos aumentan las cargas domésticas. Durante el apagón anterior estallaron protestas, y podrían generarse disturbios similares si la restauración se retrasa.
El apagón pone de relieve la fragilidad actual de la red, incluyendo el envejecimiento de las subestaciones y las líneas de transmisión.
Factores como las conexiones ilegales, la falta de mantenimiento y la variabilidad climática (por ejemplo, las tormentas) agravan los riesgos.
Un estudio reciente sobre la vulnerabilidad al impacto climático señaló que los cortes de energía en República Dominicana están empeorando debido al aumento de las condiciones climáticas extremas, lo que podría agravar las disparidades socioeconómicas.
La frustración pública va en aumento, con demandas de rendición de cuentas. Grupos de oposición como el Frente Amplio han exigido investigaciones, haciendo eco de las respuestas al incidente de 2025. Esto podría presionar al gobierno del presidente Luis Abinader a invertir en mejoras.
Este apagón pone de relieve los persistentes desafíos energéticos de la República Dominicana, incluyendo una red eléctrica poco fiable y propensa a fallos en cascada.
A raíz del evento de noviembre de 2025, causado por una falla en una subestación en San Pedro de Macorís, el problema actual parece similar, lo que sugiere debilidades sistémicas no abordadas.
Expertos y funcionarios han enfatizado previamente la necesidad de modernización, como la diversificación de las fuentes de energía (por ejemplo, más renovables) y la mejora de la redundancia para evitar efectos dominó.
Por el momento, la recuperación es progresiva, pero incompleta. Se espera que el Ministro de Energía y Minas proporcione actualizaciones, y podría convocarse un “Comité de Fallas” para un análisis de la causa raíz, similar a los protocolos posteriores a 2025.
A corto plazo, se priorizarán sectores esenciales como la salud y el transporte para la restauración. A largo plazo, esto podría acelerar las solicitudes de inversión en infraestructura para fortalecer la resiliencia ante futuros cortes de energía, especialmente en medio de las presiones del cambio climático. Si se encuentra en La Vega y experimenta problemas, consulte las actualizaciones locales de ETED o de las compañías de distribución y considere opciones de energía de respaldo para sus necesidades básicas.


