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El 22 de febrero de 2026, el Comité Central del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se reunió en el Club San Carlos de Santo Domingo, donde aprobó una lista de precandidatos presidenciales para las elecciones de 2028.
Entre los inscritos se encontraba Gonzalo Castillo, exministro de Obras Públicas y candidato presidencial del PLD en las elecciones de 2020.
Castillo, quien mantiene una estrecha relación con el expresidente Danilo Medina, agradeció el respaldo, afirmando que reforzaba su compromiso con la unidad del partido.
La reunión también validó a otros aspirantes, posiblemente hasta ocho o más, ya que el partido planea seleccionar a un solo candidato en el último trimestre de 2026 mediante convenciones o encuestas.
Cabe destacar que el excandidato presidencial del PLD para 2024, Abel Martínez, solicitó su exclusión de la lista, alegando la necesidad de claridad en la dirección del partido.
La consulta menciona “con esa multa”, lo que podría referirse a una posible sanción o controversia, pero no se informó de ninguna multa relacionada con la inscripción.
Si esto alude a problemas legales en curso (por ejemplo, acusaciones de corrupción contra Castillo durante su mandato), estos son anteriores al evento y no estaban directamente vinculados a él en las fuentes disponibles.
El registro ha generado un gran revuelo dentro del PLD y en el panorama político dominicano en general, transformando la dinámica interna y las estrategias de la oposición.
La entrada de Castillo se percibe como una inyección de vitalidad al partido, que ha atravesado dificultades desde sus derrotas electorales de 2020 y 2024.
Sus partidarios argumentan que podría frenar el éxodo de militantes hacia partidos rivales como Fuerza del Pueblo (FP), liderado por el exlíder del PLD, Leonel Fernández, e incluso fomentar el regreso.
El desempeño previo de Castillo, como el candidato del PLD en las elecciones de 2020, lo posiciona como un contendiente consolidado, que podría unificar a los leales a Medina.
Gonzalo Castillo complejiza el camino para los rivales internos, haciendo que las convenciones o las encuestas sean más competitivas.
La retirada de Martínez se interpreta como una retirada estratégica en medio de este cambio, lo que disminuye sus perspectivas inmediatas y pone de relieve las tensiones entre el ala de Medina y otras facciones.
Los detractores consideran la medida como insensible, dados los casos de corrupción pendientes de Castillo (por ejemplo, relacionados con contratos públicos), lo que podría reforzar el sentimiento público negativo hacia el legado del PLD.
Algunos la califican de “insensatez” o un acto de “malicia” por parte de Medina para socavar los ideales de Juan Bosch, fundador del partido, lo que podría alejar a los votantes que asocian a Castillo con problemas de gobernanza del pasado.
Altera la dinámica de la oposición, reduciendo la probabilidad de alianzas (por ejemplo, con FP) y manteniéndola fragmentada. Esto beneficia al gobernante Partido Revolucionario Moderno (PRM), ya que una oposición dividida enfrenta mayores dificultades en 2028.
El PLD podría experimentar un aumento de la actividad interna, y la campaña de Castillo podría revitalizar las iniciativas de base. Sin embargo, existe el riesgo de profundizar las divisiones si las impugnaciones legales en su contra se intensifican, lo que podría provocar más deserciones o una baja moral.
La inscripción de Castillo ignora el escrutinio público sobre las investigaciones de corrupción, lo que podría generar reacciones negativas de los medios o acontecimientos judiciales que descarrilen su candidatura. Esto podría erosionar la confianza en el PLD, ya dañada por escándalos pasados.
Al fortalecer a una facción, se desalientan los pactos de unidad, prolongando la debilidad de la oposición frente al PRM del presidente Luis Abinader, que obtuvo una victoria contundente en 2024.
Otros partidos podrían ajustar su discurso para explotar las divisiones del PLD, mientras que el equipo de Castillo podría aprovechar su experiencia en infraestructura para atraer a los votantes en temas económicos.
Este registro señala el intento del PLD de recuperar relevancia recurriendo a figuras conocidas como Castillo, apostando por su trayectoria para contrarrestar las recientes derrotas.
Sin embargo, subraya las persistentes divisiones internas y la dependencia del liderazgo de la era Medina, lo que podría obstaculizar una renovación más amplia.
Si Castillo supera con éxito los obstáculos legales, podría emerger como favorito, pero un fracaso podría marginar aún más al PLD. En general, esta medida pone de relieve los desafíos de la política opositora dominicana: la fragmentación, el legado histórico y la dificultad de equilibrar la unidad con la ambición. A medida que evolucionen las reacciones, los próximos meses aclararán si esto dinamiza o agrava el declive del partido

