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La propuesta de fusión entre el Ministerio de Educación (MINERD) y el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT) en la República Dominicana busca unificar los sistemas de educación preuniversitaria y superior bajo un solo Ministerio de Educación.
Esta iniciativa, descrita en un proyecto de ley, busca actualizar el marco normativo del sistema educativo dominicano, incorporando enfoques modernos y abordando las limitaciones de la Ley Orgánica de Educación N.º 66-97 vigente.
El proceso se viene debatiendo desde al menos septiembre de 2024, y la fusión está a punto de completarse en enero de 2025, incluyendo consultas públicas que recogieron más de 500 recomendaciones ciudadanas sobre temas como la descentralización y la autonomía universitaria.
Sin embargo, la fusión no aumenta el 4 % del PIB asignado a la educación, a pesar de transferir las asignaciones presupuestarias del MESCyT al MINERD.
La fusión ha generado importantes divisiones entre las partes interesadas, lo que refleja opiniones contrapuestas sobre su necesidad y ejecución.
Quienes la promueven, incluyendo funcionarios, argumentan que la fusión representa una oportunidad para fortalecer las estructuras institucionales, modernizar las políticas educativas y armonizar la educación preuniversitaria y superior en un marco cohesivo.
Se considera esencial para acompañar el fortalecimiento del sistema educativo, con disposiciones para redefinir la asignación de recursos y la emisión de títulos académicos bajo la supervisión del MINERD.
El proceso incluye mecanismos como consultas públicas para incorporar retroalimentación sobre autonomía y descentralización.
Quienes critican la fusión, incluyendo sindicatos de docentes como la Corriente Magisterial Juan Pablo Duarte y la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), partidos políticos como Fuerza del Pueblo (FP) y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), universidades y grupos cívicos, la califican de improvisada, opaca y perjudicial.
Las principales divergencias incluyen:
Autonomía y especialización: Quienes se oponen argumentan que la fusión ignora las diferencias esenciales entre los subsistemas educativos, poniendo en riesgo la autonomía universitaria y subordinando la educación superior, la ciencia y la tecnología a un “megaministerio” que aún enfrenta deficiencias básicas en la educación primaria y secundaria.
Presupuesto y concentración de poder: Preocupación por la gestión de un presupuesto combinado de aproximadamente 316 mil millones de pesos (297 mil millones del MINERD + 19 mil millones del MESCyT), lo que podría generar ineficiencias o malversación.
Transparencia procesal: Acusaciones de opacidad y falta de estudios que la sustenten, con convocatorias a protestas cívicas como la prevista para el 8 de enero de 2026 en el Parque Independencia.
Motivaciones políticas: Algunos lo ven como una distracción de otros escándalos, como los que involucran al SENASA.
Estas divergencias se han manifestado en debates públicos, protestas y análisis, y los expertos discutieron los impactos sobre la educación superior en foros ya en febrero de 2025.
Los posibles efectos de la fusión son multifacéticos, con evaluaciones predominantemente negativas por parte de los críticos, aunque algunos reconocen posibles eficiencias.
Potencial para un sistema educativo más integrado, facilitando una mejor coordinación de políticas y el intercambio de recursos entre niveles.
Estandarización de títulos académicos y nombres institucionales, con el objetivo de optimizar las operaciones y mejorar la competitividad.
Calidad y estabilidad educativa: Se advierte que la fusión podría generar inestabilidad, agravar el deterioro educativo y diluir las prioridades entre niveles, debilitando la gobernanza tanto en la educación escolar como en la superior.
Problemas financieros y de recursos: La redefinición de los mecanismos de recursos podría generar problemas de sostenibilidad, sin aumentar el presupuesto general de educación.
Autonomía y derechos: Riesgos para la independencia universitaria y la asignación del 4% del PIB a la educación, lo que podría vulnerar los logros históricos del profesorado y el derecho a una educación de calidad.
Efectos sociales más amplios: Podría afectar el desarrollo del capital humano y el modelo de crecimiento del país, exacerbando desafíos existentes como la baja productividad laboral y la falta de adecuación de las competencias en sectores como los servicios y la manufactura. El sentimiento público sobre X destaca un rechazo generalizado, con llamados a la resistencia que enfatizan las amenazas al progreso educativo.
El debate trasciende los cambios administrativos y afecta directamente los derechos fundamentales a la educación, la calidad del capital humano y el desarrollo nacional.
Los críticos concluyen que la fusión representa una “involución” o un retroceso, potencialmente lamentable si se implementa sin abordar las divergencias, e instan a detenerla para evitar graves riesgos. Quienes la defienden la ven como un paso de modernización, pero la falta de consenso y estudios empíricos que la respalden alimenta el escepticismo.
En general, sin ajustes transparentes, la fusión corre el riesgo de profundizar las desigualdades educativas en lugar de resolverlas, como lo demuestran las protestas en curso y los análisis de expertos hasta principios de 2026.

