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El 5 de enero de 2026, alrededor de las 20:30 hora local, surgieron informes de intensos tiroteos y explosiones cerca del Palacio Presidencial de Miraflores en Caracas, Venezuela.
Testigos describieron ráfagas de armas pequeñas, actividad antiaérea y posibles avistamientos de drones. En redes sociales circularon videos que mostraban trazadoras en el cielo y grupos armados moviéndose por las calles.
El tiroteo duró aproximadamente 20 minutos, con fuego continuo de armas automáticas y contramedidas como el barrido de tejados con linternas tácticas.
Este evento ocurrió en medio de un cierre de seguridad, con vehículos blindados (como los BMP-3) desplegados para acordonar las avenidas alrededor del palacio.
Los disparos están directamente relacionados con el vacío de poder tras la operación militar estadounidense del 3 de enero de 2026, denominada “Operación Resolución Absoluta”, que resultó en la captura del expresidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, de su búnker en Fuerte Tiuna.
Estados Unidos ataca antenas estratégicas, bases militares como La Carlota y embarcaciones en el Mar Caribe con el objetivo de desmantelar redes de narcotráfico vinculadas al régimen de Maduro.
Maduro enfrenta cargos de narcoterrorismo en Nueva York, y Estados Unidos acusa a su gobierno de facilitar el ingreso de hasta 250 toneladas de cocaína al país para 2020.
Los residentes reportaron pánico, y la gente se atrincheró mientras las calles se cerraban y se establecían puestos de control. La Embajada de EE. UU. emitió alertas de confinamiento, y la FAA notificó la prohibición de vuelos debido a la actividad militar en curso.
Imágenes en redes sociales captaron a los residentes reaccionando al sonido de los disparos, lo que contribuyó al miedo y la incertidumbre generalizados.
Las fuerzas venezolanas reforzaron su posición, desplegando unidades tácticas y sistemas antiaéreos. No se reportaron víctimas oficialmente por los disparos del 5 de enero, aunque la operación estadounidense más amplia del 3 de enero hirió a algunos efectivos estadounidenses (sin víctimas mortales) e involucró el impacto de un helicóptero.
El incidente exacerbó el nerviosismo posterior a la redada, lo que provocó interrupciones en los viajes en el Caribe, incluyendo cancelaciones y retrasos de vuelos que afectaron a turistas y residentes locales.
Los disparos ponen de relieve la fragilidad del gobierno interino de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien prestó juramento por 90 días ante el Tribunal Supremo, pero condenó las acciones estadounidenses como un “secuestro brutal” y una “atrocidad” que viola el derecho internacional.
La líder opositora María Corina Machado celebró la captura como la “hora de la libertad” y argumentó que Edmundo González (ganador de las controvertidas elecciones de 2024) debería asumir el poder.
Los rumores de enfrentamientos con milicias pro-régimen (Colectivos) o posibles golpes de Estado han alimentado la especulación, describiendo al gobierno socialista remanente como “extremadamente débil y precario”.
El presidente estadounidense Trump declaró que Estados Unidos “gobernaría” Venezuela temporalmente para “hacerla grande de nuevo”, lo que incluye la explotación de sus vastas reservas petroleras, lo que genera inquietudes legales sobre la propiedad de los recursos y la posible intervención indefinida de Estados Unidos.
Esto podría generar cambios económicos, con celebraciones entre los expatriados venezolanos en lugares como el sur de Florida, con la esperanza de reencuentros familiares y estabilidad.
En ciudades estadounidenses como Los Ángeles y Las Vegas estallaron protestas contra la intervención. A nivel mundial, China y Rusia condenaron a Estados Unidos por violar la soberanía y lo calificaron de “agresión armada”, solicitando la intervención de la ONU.
La ONU expresó su alarma por las posibles violaciones de derechos humanos y la inestabilidad regional. Aliados como Canadá y la UE instaron a la moderación y al respeto del derecho internacional, mientras que algunos líderes (por ejemplo, la canciller alemana) pidieron una transición ordenada. El hijo de Maduro advirtió sobre un “precedente global” y el ministro de Defensa, Padrino López, instó a volver a la normalidad.
Los analistas observan similitudes con intervenciones estadounidenses anteriores, y expertos legales cuestionan la legalidad de la operación según el derecho internacional.
Existen indicios de nuevas acciones estadounidenses, como la contra Cuba, para restaurar el dominio del hemisferio occidental.
El tiroteo cerca del Palacio de Miraflores representa un síntoma del caos desatado por la captura de Maduro, lo que pone de relieve un precario período de transición marcado por disputas de liderazgo y disturbios armados.
Expertos y funcionarios concluyen que, sin un diálogo rápido —como la invitación de Rodríguez a Trump a mantener “relaciones respetuosas”—, Venezuela corre el riesgo de un conflicto prolongado, con Estados Unidos posicionándose como un supervisor temporal para evitar que sus adversarios tomen el poder.
El evento amplifica los llamados a una desescalada mediada por la ONU, lo que pone de relieve las amenazas a la estabilidad y las normas de soberanía de América Latina. En general, señala el fin del régimen de Maduro, pero abre un capítulo de incertidumbre, con potencial tanto para la renovación democrática como para una mayor violencia


