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El 5 de enero de 2026, el derrocado presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, comparecieron por primera vez ante un tribunal federal en el Bajo Manhattan, Nueva York, declarándose inocentes de cargos como conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, y delitos relacionados con armas.

Maduro afirmó su inocencia, afirmando que sigue siendo el presidente legítimo de Venezuela, mientras que Flores compareció con lesiones visibles, presuntamente sufridas durante la captura.
Su próxima audiencia judicial está programada para el 17 de marzo.
Las acusaciones se derivan de las acusaciones de que Maduro lideró un plan para inundar Estados Unidos con miles de toneladas de cocaína, enriqueciéndose a sí mismo y a su círculo íntimo, mientras que Flores está acusado de facilitar sobornos y reuniones con narcotraficantes.
Este suceso guarda paralelismos con la captura y el juicio del líder panameño Manuel Noriega en 1990 por cargos similares de narcotráfico, donde los tribunales estadounidenses rechazaron las solicitudes de inmunidad de jefe de Estado, lo que podría presagiar una larga batalla legal para Maduro.
La captura ha sumido al país en la incertidumbre, tras la juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta interina. Rodríguez ha adoptado un tono conciliador hacia Estados Unidos, instando a la cooperación y denunciando la operación como una violación de la soberanía.

La vida cotidiana en Caracas se vio perturbada por los ataques aéreos, lo que generó temor, acaparamiento de suministros y la paralización de actividades, aunque el gobierno instó a la normalidad en los sectores económico y educativo.

Los venezolanos están divididos: figuras de la oposición como María Corina Machado celebraron el evento como un paso hacia la libertad y la alianza con Estados Unidos, mientras que los partidarios de Maduro protestaron, coreando consignas sobre su presidencia.

El hijo de Maduro condenó la acción como una amenaza a la estabilidad global y exigió el regreso de sus padres.
Frente al tribunal de Nueva York, alrededor de 200 venezolanos se congregaron para celebrar el procesamiento de Maduro, lo que refleja el apoyo de la diáspora a su destitución.

También hubo protestas, con algunos opositores a la intervención estadounidense. Funcionarios estadounidenses, incluido el presidente Trump, presentaron la operación como una medida policial contra un “narcotraficante”, enfatizando la disuasión y los intereses energéticos estadounidenses.

Críticos como el senador Tim Kaine la calificaron de acción militar no autorizada, planeando votaciones en el Congreso sobre poderes de guerra.
Los mercados petroleros reaccionaron positivamente, con las acciones de Chevron subiendo entre un 5,5% y un 7,5% ante las expectativas de una renovada inversión estadounidense en las vastas reservas de Venezuela, más de 300.000 millones de barriles.
Otras acciones energéticas, como ExxonMobil, subieron un 2,5% y los precios del crudo estadounidense subieron un 1,4%, a 58,13 dólares por barril.
No se prevé un aumento inmediato en los precios de la gasolina en Estados Unidos, pero podrían producirse cambios a largo plazo si la producción se estabiliza bajo un nuevo liderazgo. Suiza congeló activos vinculados a Maduro para evitar transferencias ilícitas, con la intención de devolver fondos a los venezolanos.
La acción estadounidense ha intensificado la inestabilidad regional. Trump declaró a Estados Unidos “a cargo” de Venezuela y amenazó con ataques militares contra Colombia por el narcotráfico, lo que llevó al presidente colombiano, Gustavo Petro, a prometer resistencia armada, advirtiendo sobre la posibilidad de muertes infantiles, el impulso separatista y levantamientos.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, condenó la intervención como una violación de la soberanía y afirmó el derecho de América Latina a la autodeterminación.
Cuba reportó la muerte de 32 ciudadanos en eventos relacionados y enfrenta dificultades económicas debido a la interrupción del suministro de petróleo venezolano.
El Secretario General de la ONU expresó su profunda preocupación por las violaciones del derecho internacional, la posible escalada y un precedente peligroso para las intervenciones estatales, instando en su lugar al uso de mecanismos legales.
Los aliados europeos rechazaron las amenazas no relacionadas de Trump de anexar Groenlandia por razones de seguridad, enfatizando el respeto a las fronteras.
Al menos cuatro estadounidenses permanecen detenidos en Venezuela, y las fuerzas estadounidenses planean interceptar petroleros venezolanos como medida de presión.
La operación podría tensar las relaciones de Estados Unidos con los gobiernos latinoamericanos de izquierda y envalentonar las políticas estadounidenses de línea dura contra supuestos adversarios.
El caso de Maduro podría poner a prueba las doctrinas de inmunidad internacional, similares a las de Noriega, donde los tribunales priorizaron la responsabilidad penal sobre el estatus diplomático.
Las lesiones reportadas por Flores han suscitado dudas sobre la conducción de la operación, y su abogado alega uso excesivo de la fuerza.
Otras preocupaciones más amplias en materia de derechos humanos incluyen la crisis actual en Venezuela, con éxodos masivos y un colapso económico que podrían agravarse si persiste la inestabilidad.
Esta comparecencia ante el tribunal representa una audaz escalada estadounidense en sus esfuerzos por un cambio de régimen, justificada con pretextos antidrogas y antiterrorismo, pero criticada como una extralimitación imperial.
Podría conducir a una Venezuela estabilizada bajo un liderazgo favorable a Estados Unidos, impulsando los mercados energéticos y reduciendo las presiones migratorias, pero corre el riesgo de desencadenar conflictos más amplios en Latinoamérica, erosionando las normas internacionales y polarizando las alianzas globales.
A largo plazo, refuerza la disposición estadounidense a usar la fuerza militar contra líderes del hemisferio, lo que podría disuadir a regímenes similares, pero provocar la reacción de potencias como Rusia o China, que han apoyado a Maduro.
A medida que se desarrollen los acontecimientos, la atención se centrará en el gobierno de Rodríguez, las operaciones estadounidenses en curso y el resultado del juicio, que podría definir el legado de Trump en política exterior.


