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La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos anunció sanciones el 17 de octubre de 2025 contra dos individuos haitianos, Dimitri Herard y Kempes Sanon, por su apoyo a la coalición de pandillas Viv Ansanm, que Estados Unidos había designado previamente como organización terrorista extranjera en mayo de 2025.
Herard, un ex oficial de policía y jefe de seguridad presidencial implicado en el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021, escapó de la prisión en marzo de 2024 y posteriormente proporcionó entrenamiento, armas de fuego y apoyo logístico a los líderes de Viv Ansanm.
Sanon, líder de la pandilla Bel Air (una filial de Viv Ansanm con alrededor de 150 miembros), ha estado involucrado en extorsión, secuestros, masacres (incluido un incidente de 2023 que mató al menos a 148 personas) y en mantener vínculos corruptos dentro de las instituciones del gobierno haitiano para evadir la captura.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó por unanimidad una resolución el mismo día, ampliando las medidas relacionadas y añadiendo a ambos hombres a su lista de sanciones.
Estas sanciones, impuestas bajo la Orden Ejecutiva 13224 (en su versión modificada), designan a Herard y Sanon como Terroristas Globales Especialmente Designados (SDGT), congelando cualquier activo que posean en Estados Unidos y prohibiendo a personas o entidades estadounidenses realizar transacciones con ellos.
Las medidas de la ONU extienden esto globalmente, requiriendo que los 193 estados miembros implementen congelamientos de activos y prohibiciones de viaje, a la vez que renuevan un embargo de armas a Haití para frenar el flujo de armas que alimenta la violencia de pandillas.
En el caso de los individuos, esto limita su movilidad financiera, acceso a redes internacionales y capacidad de operar libremente, aislándolos potencialmente de alianzas corruptas dentro de las fuerzas de seguridad y las élites políticas de Haití.
Para Viv Ansanm, las designaciones buscan interrumpir el tráfico de armas y el apoyo logístico, ya que la participación de Herard incluyó facilitar el suministro de armas y simular vehículos oficiales para operaciones de pandillas. Las repercusiones más amplias incluyen un mayor escrutinio internacional sobre los flujos de armas, en particular desde Estados Unidos y Florida, países que la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito identifica como fuentes primarias de armas sofisticadas que entran a Haití.
Las consecuencias inmediatas para Haití incluyen posibles reducciones en la capacidad de las pandillas, ya que estas sanciones se dirigen a los principales facilitadores del control de Viv Ansanm sobre el 90% de Puerto Príncipe y su expansión a las zonas rurales, lo que ha desplazado a más de 1,4 millones de personas y causado miles de muertes mediante violencia indiscriminada, extorsión y abusos de derechos humanos como agresiones sexuales y saqueos.
Sin embargo, persisten los desafíos para su aplicación. El gobierno de Haití ha sido criticado por su inacción contra las figuras sancionadas, y persisten las dudas sobre si individuos como Herard y Sanon pueden seguir participando en la política o las elecciones bajo la ley haitiana.
Las medidas podrían tensar las relaciones simbióticas entre las pandillas y ciertas élites económicas o políticas, que proporcionan cobertura o recursos a cambio de influencia, lo que podría provocar fracturas internas dentro de Viv Ansanm o cambios en la dinámica de las pandillas.
A nivel internacional, las sanciones refuerzan los compromisos de Estados Unidos y la ONU para estabilizar Haití en medio de las crisis actuales, incluyendo la ausencia de un presidente desde el asesinato de Moïse en 2021.
Sin embargo, resaltan deficiencias, como la falta de un abordaje explícito de la violencia sexual y de género generalizada utilizada como arma por las pandillas (incluidos los matrimonios forzados, las agresiones y la trata de personas).
Las autoridades señalan que, si bien estas medidas alivian parte del sufrimiento, es posible que no frenen por completo la inseguridad sin controles más estrictos sobre las transferencias de armas desde los estados vecinos.
Funcionarios de Estados Unidos y la ONU concluyen que estas sanciones son un paso crucial para responsabilizar a quienes facilitan el terrorismo y la violencia pandillera en Haití, lo que subraya la necesidad de ampliar las designaciones para abordar a más facilitadores de la inseguridad.
Bradley T. Smith, de la OFAC, enfatizó el compromiso de Estados Unidos de desmantelar estas redes, mientras que la embajadora estadounidense, Jennifer Locetta, solicitó un mayor apoyo del consejo, afirmando que “Haití merece algo mejor” y comprometiéndose a colaborar con las partes interesadas en la paz.
El representante de Panamá destacó la “relación simbiótica” entre las élites y las pandillas como causa fundamental, sugiriendo que las sanciones por sí solas son insuficientes si no se abordan estos vínculos.
En general, las acciones indican un esfuerzo internacional sostenido por la rendición de cuentas y la estabilización, pero los expertos advierten que sin una aplicación efectiva de la ley por parte del gobierno haitiano, un control integral de armas y métricas para la violencia de género, la influencia de las pandillas podría persistir, prolongando el caos en barrios como Delmas y Bel Air antes de las elecciones previstas.
