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A pocas semanas del inicio de los training camps, la NBA vive uno de los momentos más decisivos de su historia reciente. Dos de los jugadores más grandes de todos los tiempos han tomado decisiones que marcan el final de una era y el comienzo de otra: Stephen Curry ha firmado una extensión que lo ata a los Golden State Warriors hasta casi los 40 años, mientras que LeBron James ha dejado los Lakers para unirse a los Philadelphia 76ers con un contrato de veterano mínimo. El resto de la liga se reacomoda a su alrededor.

Curry: lealtad antes que el máximo salario
Stephen Curry, de 38 años, ha acordado una extensión de dos años por 116 millones de dólares con los Warriors, que incluye una opción de jugador para la temporada 2028-29. El base aceptó aproximadamente 20 millones menos de lo que podía haber exigido como máximo salarial. Con este acuerdo se convierte en el primer jugador de la historia en superar los 600 millones de dólares en ingresos de carrera y se asegura terminar su trayectoria completa en la misma franquicia, algo cada vez más raro en la NBA moderna.
El impacto es inmediato. Golden State gana estabilidad tras temporadas irregulares y se asegura la presencia de su estrella fundacional mientras intenta reconstruir el entorno competitivo. Además, el equipo proyecta unos 10 millones extras de espacio salarial el próximo verano, lo que le da margen real para fichar piezas complementarias. La firma también pone fin a cualquier especulación de traspaso antes del inicio de la temporada. Curry priorizó continuidad, flexibilidad y una última ventana realista de título por encima del dinero máximo.
LeBron elige contender en Filadelfia
En julio de 2026, LeBron James, entonces de 41 años, abandonó los Lakers tras ocho temporadas y firmó un contrato de dos años por apenas unos 8 millones de dólares (salario mínimo de veterano) con los Philadelphia 76ers, con opción de jugador en el segundo año. Lo definió como “su última decisión” y reconoció que aún quería competir por un anillo antes de retirarse.
James se une a Joel Embiid, Tyrese Maxey y Jaylen Brown (adquirido en el mismo mercado de agentes libres). El movimiento convierte de inmediato a los Sixers en uno de los equipos más peligrosos del Este, aunque la franquicia sigue sin un título desde 1983. Para los Lakers, el cambio es total: la era post-LeBron arranca con Luka Dončić como claro eje del proyecto. En Cleveland y otros destinos posibles se dio por cerrada la posibilidad de un regreso del astro.
El contrato mínimo es, sobre el papel, uno de los mayores gangas recientes de la liga, siempre que la salud de James (y de Embiid) lo permita. El éxito o fracaso del experimento dependerá de la química entre varias estrellas de alto uso y de la capacidad de los Sixers para traducir talento en victorias de playoffs.
El resto del paisaje
Mientras tanto, los Lakers se redefinen por completo alrededor de Dončić. Las primeras narrativas hablan de liderazgo, química y construcción de plantilla a largo plazo. En el mercado de traspasos destacan movimientos más modestos, como el fichaje de Buddy Hield por los Bulls a cambio de Rob Dillingham, un refuerzo de tiro para un equipo joven.
En el apartado de lesiones, el ala-base de los Hornets Kon Knueppel se perderá el inicio de temporada por problemas en el isquiotibial. En el plano histórico, la liga despide a Bob Pettit, primer MVP de la NBA y leyenda de los Hawks, fallecido a los 93 años. En segundo plano continúan las negociaciones de extensiones de jugadores como Karl-Anthony Towns y Jalen Brunson en Nueva York.
Una liga que cierra ciclos
La offseason de 2026 deja una lectura clara: los grandes nombres de la generación dorada están eligiendo con pragmatismo. Curry prioriza lealtad y una última oportunidad real de competir; James prioriza el anillo por encima del salario y de la familiaridad. El Este gana un experimento de superestrellas en Filadelfia; el Oeste ve a Golden State estabilizarse alrededor de su icono y a Los Ángeles entregar las llaves de forma definitiva a Dončić.
La próxima temporada medirá si estas decisiones generan el “sentimiento de ganar” que ambos superestrellas han buscado explícitamente. La salud, la química y la capacidad de convertir talento en resultados de playoffs serán los verdaderos jueces. La transición generacional avanza, pero dos de los mejores jugadores de la historia aún tienen voz y voto en cómo se escribe el final de sus carreras.
