Crisis hídrica agrava escasez de agua en La Vega: caudales del Camú se reducen a la mitad

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La provincia de La Vega enfrenta una sostenida crisis de agua provocada por la sequía, que ha reducido drásticamente la producción de los acueductos y obliga a racionamientos de hasta dos días por semana en numerosos sectores. La situación, que se intensificó a mediados de septiembre de 2026 y se mantiene activa en las últimas jornadas, combina la falta de lluvias —asociada en parte al fenómeno de El Niño— con esfuerzos institucionales de limpieza ambiental y operativos de seguridad.

Según reportes de Coravega, la producción de agua bajó de los aproximadamente 19 millones de galones diarios habituales a entre 8 y 10 millones, e incluso menos en algunos momentos. El río Camú, principal fuente de abastecimiento, presenta caudales significativamente menores. Los tanques de almacenamiento tardan ahora hasta 22 horas en llenarse, lo que ha transformado el servicio diario en un esquema de racionamiento que afecta hogares, centros educativos, comercios y la higiene básica de la población.

El 19 de septiembre, en medio de esta preocupación, se realizó la jornada “La Vega por el Camú” en las zonas de Bayacanes y Guaigüí. Más de 15 instituciones, junto a Coravega, retiraron 7.550 libras (unos 3.425 kilogramos) de residuos sólidos, equivalentes a 300 fundas. La actividad buscó proteger la cuenca en un momento de especial vulnerabilidad.

Paralelamente, se registraron operativos de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) en el sector Barranca hacia mediados de septiembre, con incautaciones y arrestos. Las condiciones climáticas actuales mantienen la posibilidad de chubascos y tormentas eléctricas, con temperaturas cálidas y elevada humedad, aunque sin lluvias suficientes para revertir la sequía de forma inmediata. De fondo persisten denuncias sobre deforestación en el Santo Cerro y extracción ilegal de materiales en el Camú.

Impacto en la vida cotidiana y la economía

El racionamiento genera estrés adicional en las familias, que deben almacenar agua o comprarla, con el consiguiente aumento de costos. La agricultura y la ganadería, actividades relevantes en la provincia, sufren por la menor disponibilidad de riego. Pequeños comercios y el turismo local también se ven afectados. En el plano ambiental, el bajo caudal agrava la contaminación residual y la erosión de las riberas. Desde el punto de vista de la salud pública, un racionamiento prolongado eleva el riesgo de problemas sanitarios.

A corto plazo se prevé mayor dependencia de camiones cisterna, posibles reclamos comunitarios y presión sobre las autoridades locales. A mediano plazo, si las precipitaciones no mejoran, podrían intensificarse las restricciones e impactar proyectos de infraestructura hídrica, como la ampliación del acueducto Baitoa-Tavera. El ecosistema del Camú enfrenta un deterioro adicional si no se controlan la extracción ilegal y los vertidos.

Las jornadas de limpieza y la visibilidad del problema representan un paso positivo hacia una mayor conciencia ciudadana y acciones de conservación. Sin embargo, expertos y autoridades coinciden en que se requiere un seguimiento cercano de las lluvias, la aceleración de obras de captación y almacenamiento, y un control más estricto de las actividades que degradan las cuencas hidrográficas.

En las últimas 24 horas no se han reportado cambios drásticos ni eventos de gran magnitud, sino la continuidad de esta problemática estructural. Se recomienda a la población consultar las actualizaciones de Coravega, el Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) y medios locales para información precisa sobre el servicio de agua y posibles alertas meteorológicas.

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