Mao en el Caribe: la dialéctica de la contradicción explica el tablero político dominicano de 2025-2026

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La aplicación del análisis de Mao Tse-tung sobre la contradicción a la política dominicana actual no es una correspondencia literal ni un ejercicio dogmático. Es una herramienta heurística. En Sobre la contradicción (1937) y textos posteriores, Mao sostiene que en todo proceso complejo coexisten múltiples contradicciones. Una de ellas es la principal: la que determina el desarrollo de las demás en una etapa concreta. Las secundarias se subordinan temporalmente. La política correcta combina unidad y lucha: aliarse en lo esencial sin renunciar a la independencia ni a los objetivos de largo plazo, y redefinir la contradicción principal cuando cambian las condiciones.

En la República Dominicana de 2025-2026 el escenario no es revolucionario ni de guerra total. Es multipolar y electoral. Los actores principales son Luis Abinader (PRM, presidente en ejercicio, reelecto en 2024 y sin posibilidad de volver a postularse en 2028), Leonel Fernández (Fuerza del Pueblo), Danilo Medina (PLD) e Hipólito Mejía (figura histórica del PRD, con menor peso actual pero todavía referente).

La contradicción principal y las secundarias

Según el método maoísta, la pregunta clave es cuál es el conflicto que determina el resto en esta etapa.

La contradicción principal aproximada es el control del Estado y del ciclo electoral de 2028 entre el oficialismo (PRM-Abinader y su posible sucesora, Carolina Mejía u otro nombre) y una oposición fragmentada. Abinader capitalizó el desgaste de los 20 años de gobierno del PLD y su división interna. Mantiene gobernabilidad relativa, aunque enfrenta críticas por el costo de la vida, los apagones, Senasa, las obras y la migración. La oposición (FP y PLD) disputa el liderazgo del campo opositor e intenta capitalizar el descontento.

Las contradicciones secundarias, subordinadas pero activas, son claras:

  • Leonel versus Danilo: la fractura más estructural. No es solo personal. Son dos “escuelas” dentro del legado boschista-peledeísta. Leonel representa el liderazgo intelectual, internacionalista y discursivo; Danilo, el control territorial, la gestión pragmática y la estructura partidaria. La ruptura de 2019 sigue irreconciliable: transferencias de dirigentes, acusaciones mutuas y negativa a ceder la candidatura presidencial en eventuales alianzas. Esa división facilitó los triunfos de Abinader en 2020 y 2024.
  • Abinader versus Leonel: el choque más visible y frontal. Precios de alimentos, “pollo index”, obras en el Sur y Pedernales, pobreza, internet versus bolsillo. Es la rivalidad que más polariza el discurso público.
  • Abinader versus Danilo: ataques por continuidad de obras (aulas), costos de presas y gestión.
  • Hipólito versus los demás: rivalidad histórica larga y personal, especialmente con Leonel, atenuada por gestos de cortesía en momentos de enfermedad o muerte, pero con menor peso electoral hoy.

La analogía con Mao se vuelve nítida cuando aparece una amenaza externa percibida como existencial: la crisis haitiana (bandas, migración irregular, seguridad fronteriza). En 2025 Abinader convocó a Leonel, Danilo e Hipólito a reuniones de alto nivel, incluso en el Ministerio de Defensa. Se acordaron espacios de trabajo conjunto, informes de seguridad y una postura nacional más unificada. Es el equivalente local del “Frente Unido”: unidad táctica ante la contradicción principal externa sin disolver las rivalidades partidarias ni renunciar a la independencia de cada fuerza.

Unidad y lucha en la práctica dominicana

Mao no pedía liquidar las contradicciones secundarias, sino manejarlas. Aliarse donde coincidan intereses, luchar donde diverjan y mantener autonomía organizativa.

En República Dominicana se observa exactamente eso:

  • Unidad temporal: el diálogo sobre Haití es el ejemplo más claro. También hubo momentos de respeto personal entre Hipólito y Leonel ante enfermedades o fallecimientos.
  • Lucha permanente: acusaciones cruzadas de incompetencia, corrupción, manipulación de cifras y “pasado que el país no quiere repetir” (Abinader contra PLD-FP). La oposición responde hablando de “arrogancia del poder”, obras paralizadas y carestía. Mientras tanto, FP y PLD compiten entre sí por el liderazgo opositor.
  • Independencia y acumulación de fuerzas: cada actor construye o mantiene su aparato. El PRM desde el Estado, FP como segunda fuerza electoral, PLD intentando recuperar terreno territorial. No hay guerra popular prolongada, pero sí acumulación de capital político, redes clientelares y discurso de cara a 2028.

La flexibilidad maoísta —redefinir la contradicción principal— se verá cuando el tema haitiano pase a segundo plano y se intensifique la precampaña electoral. Entonces las rivalidades internas volverán a dominar.

Límites de la analogía y lecciones posibles

La República Dominicana no es la China de 1937-1945. No hay invasión imperialista, no hay guerra civil armada, no hay bases rurales guerrilleras ni un partido leninista monolítico. Es una democracia electoral con partidos personalistas, clientelismo, acusaciones de corrupción y una economía abierta. Trasladar mecánicamente la “dialéctica de la guerra” sería el dogmatismo que el propio Mao criticaba.

Sin embargo, el método ilumina patrones reales:

La oposición solo tiene posibilidades serias de recuperar el poder si logra subordinar, aunque sea temporalmente, la contradicción Leonel-Danilo y presentar un frente más unido, como el Partido Comunista Chino subordinó su rivalidad con el Kuomintang frente a Japón. Hasta ahora no lo ha conseguido. Los intentos de coalición para 2024 fallaron y las diferencias siguen estructurales.

El oficialismo, por su parte, puede gestionar las contradicciones secundarias de la oposición —dividir para gobernar— mientras mantiene la iniciativa en la contradicción principal: gobernabilidad y agenda de seguridad.

La redefinición periódica de la “contradicción principal” (hoy Haití y seguridad; mañana carestía, corrupción o sucesión) es la herramienta más flexible y también la más riesgosa. Puede justificar alianzas oportunistas o endurecimientos internos.

En resumen, quien identifique correctamente la contradicción principal de cada etapa —externa versus interna, electoral versus de seguridad— y sepa combinar unidad táctica con lucha e independencia organizativa tendrá ventaja estratégica. En la práctica dominicana actual, Abinader ha manejado con relativa eficacia la subordinación de rivalidades ante Haití. La oposición permanece atrapada en su contradicción secundaria más profunda: Leonel versus Danilo. Eso, más que cualquier filosofía, explica en buena medida el mapa de poder de 2025-2026 y las tensiones que se anticipan hacia 2028.

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