Soto Jiménez advierte: la popularidad del “KingMaker” Alofoke no basta para gobernar

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José Miguel Soto Jiménez, exsecretario de Estado de las Fuerzas Armadas durante el gobierno de Hipólito Mejía, historiador militar, escritor y actual miembro de la Dirección Política de Fuerza del Pueblo, ha planteado una crítica de fondo a las aspiraciones presidenciales de Santiago Matías, conocido como Alofoke, de cara a 2028. Su argumento central es institucional: la popularidad por sí sola no alcanza; debe ir acompañada de conocimiento real sobre la gestión pública, las instituciones y el ejercicio del poder.

No se trata de un ataque personal, sino de una observación basada en la experiencia. Soto Jiménez sitúa el debate en el terreno de la preparación para gobernar el Estado, y no en el del atractivo mediático o el alcance digital.

El proyecto de Alofoke

Santiago Matías, empresario de medios al frente de Alofoke Media Group (radio, YouTube y contenidos de entretenimiento), ha pasado de los comentarios políticos informales y de antiguos acercamientos a partidos —incluidos vínculos previos con el PLD— a un proyecto concreto. A mediados de 2026 rechazó una apertura del PRSC, cuyo presidente Quique Antún había dejado la puerta abierta, así como más de una docena de otras propuestas. Anunció entonces que formaría su propio partido (mencionado en algunos reportes como Dominicanos Primero o similar), reuniría las firmas exigidas —alrededor de 87.300, equivalentes al 2 % de los votos válidos de la elección presidencial de 2024 según la Ley 33-18— y competiría en 2028.

Sus fortalezas son evidentes: una audiencia digital masiva, especialmente entre votantes jóvenes y de sectores populares; un discurso de outsider y de rechazo a la “vieja política”; y una capacidad de producción mediática considerable. La elegibilidad constitucional no está en duda. Los obstáculos prácticos, en cambio, son estructurales: construir una organización nacional, superar la verificación de la JCE, presentar candidatos y fiscales de mesa, y transformar la atención en línea en votos y presencia territorial.

El peso de las declaraciones de Soto Jiménez

Las palabras del exministro elevaron el tono de la conversación. Lo que en parte se trataba como entretenimiento o “relajo” pasó a discutirse en términos de competencia para gobernar. Políticos tradicionales, analistas y medios ya no pudieron descartar el fenómeno únicamente como espectáculo.

Al proceder de un oficial de carrera con experiencia de mando, académica y de gabinete, las observaciones de Soto Jiménez tienen peso en círculos de seguridad, políticos y de élite. Refuerzan un escepticismo más amplio —como el expresado por la senadora del PRM Ginnette Bournigal sobre la preparación— y se distancian de reacciones más entusiastas u oportunistas de algunos dirigentes del PRSC o de José Laluz.

La intervención pone de relieve la tensión clásica del outsider: la popularidad digital y el mensaje antisistema pueden movilizar el descontento, pero la gestión del Estado exige habilidades distintas —instituciones, presupuesto, seguridad, diplomacia y construcción de coaliciones—. Soto Jiménez subraya esa brecha sin negar el derecho de Matías a intentarlo.

A diferencia de los anuncios del propio Matías o de enfrentamientos más mediáticos (como los habidos con Hipólito Mejía), las declaraciones de Soto Jiménez funcionan más como un contrapunto sobrio dentro de la conversación política y de élite que como un choque viral.

Consecuencias y alcance

Para el proyecto de Alofoke, el planteamiento añade presión para demostrar sustancia más allá del alcance mediático: propuestas programáticas, conocimiento institucional y capacidad organizativa. Puede empujarlo a sumar operadores con experiencia o a enfatizar el aprendizaje y la competencia, pero también entrega a los críticos un argumento listo para usar. Crear un partido desde cero ya enfrenta plazos ajustados y altas tasas históricas de fracaso; las críticas a la preparación refuerzan la dificultad de ser tomado en serio como alternativa de gobierno.

En el sistema político, la intervención contribuye a la discusión más amplia sobre los “outsiders” y el declive de la identificación partidaria. Señala que los actores establecidos juzgarán a los nuevos entrantes también por criterios de gobernabilidad, y no solo por popularidad. Fuerza del Pueblo, la organización a la que pertenece Soto Jiménez, gana así una voz que enmarca el debate en términos institucionales.

En el discurso público y mediático, ayuda a desplazar parte de la cobertura del puro espectáculo hacia preguntas de preparación. No parece haber detenido el impulso de Matías entre su base digital, que suele valorar la ruptura por encima de las credenciales tradicionales. Tampoco hay indicios de consecuencias legales, disciplinarias o electorales inmediatas: se trata de una opinión dentro del debate político habitual.

Un listón más alto, no un veto

La intervención de Soto Jiménez representa una respuesta institucionalista clásica frente a un desafío de alta visibilidad: el capital mediático y digital importa, pero gobernar un Estado complejo exige comprensión demostrada de la administración pública, las instituciones y el poder. No afirma que Matías esté impedido o sea ilegítimo; cuestiona su preparación e implica que la popularidad sin esa base corre el riesgo de traducirse en un liderazgo superficial o ineficaz.

En el contexto dominicano de 2026-2028, forma parte de un patrón más amplio, visible también a escala internacional, de figuras del entretenimiento que prueban las aguas políticas. Matías conserva ventajas significativas en atención y atractivo antisistema, sobre todo entre votantes jóvenes y descontentos. Las barreras formales para crear un partido son reales, pero no insuperables si logra las firmas y la organización necesarias. Convertir todo eso en una candidatura presidencial competitiva —o siquiera en una presencia legislativa y municipal significativa— exigirá, sin embargo, atender precisamente la brecha de competencia que Soto Jiménez ha puesto sobre la mesa.

Hasta ahora, el efecto neto ha sido elevar el listón de seriedad en torno al proyecto sin apagarlo. Queda abierto si Matías construye finalmente un vehículo político duradero o si actúa más como catalizador de atención y posible rey hacedor. Las declaraciones de Soto Jiménez garantizan, en cualquier caso, que las preguntas sobre el arte de gobernar seguirán formando parte de la evaluación.

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