La selección española se coronó campeona del Mundial de Fútbol 2026 al derrotar a Argentina por 1-0 en la prórroga el 19 de julio, en el primer torneo de la historia con 48 equipos y 104 partidos disputados entre Estados Unidos, México y Canadá. El título, el segundo para La Roja después del de 2010, cierra un campeonato marcado por el dominio táctico español, las sorpresas de debutantes, el adiós de leyendas y una controversia política que puso en duda la neutralidad de la FIFA.

España, dirigida por Luis de la Fuente, llegó a la final prácticamente imbatida. Controló la posesión, batió récords de pases intentados y completados y apenas concedió dos tiros en todo el partido decisivo, ninguno en los 90 minutos reglamentarios. Rodri se llevó el Balón de Oro. Argentina, defensora del título, alcanzó su tercera final mayor consecutiva, pero no pudo repetir la gesta. Lionel Messi, presente en un sexto Mundial récord y autor de un hat-trick memorable, inspiró una remontada épica 3-2 ante Egipto en octavos tras ir perdiendo 2-0. No bastó. Kylian Mbappé se adjudicó la Bota de Oro con 10 goles —primer jugador que la gana dos veces— y Inglaterra se quedó con el bronce en un vibrante 6-4 frente a Francia.
El formato ampliado generó el espectáculo esperado. Cabo Verde, debutante, empató con España y Uruguay, avanzó de fase y llevó a Argentina a la prórroga. Paraguay eliminó a Alemania en los penaltis. Noruega de Erling Haaland echó a Brasil y alcanzó cuartos por primera vez. Cristiano Ronaldo cerró su carrera mundialista con la derrota ante España en octavos; Neymar se retiró de la selección brasileña tras la eliminación temprana. El promedio de goles fue alto y los partidos clásicos abundaron.
Fuera del césped, la interferencia política dejó una de las cicatrices más visibles. El presidente estadounidense Donald Trump presionó públicamente al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para que se levantara la suspensión del delantero Folarin Balogun tras una tarjeta roja. La sanción se anuló y el jugador pudo disputar el torneo, aunque Estados Unidos cayó 4-1 ante Bélgica en octavos. La UEFA denunció que se había “cruzado una línea roja”. Entrenadores rivales y exdirigentes de la FIFA cuestionaron la certeza de las reglas y la neutralidad del organismo. La participación de Irán añadió más tensiones geopolíticas.
En el plano económico, la FIFA proyectó ingresos récord cercanos a los 9.000 millones de dólares solo en 2026, dentro de un ciclo que se acerca a los 13.000 millones. Estimaciones independientes apuntan a un impacto global en el PIB de hasta 40.900 millones de dólares y cientos de miles de empleos temporales en turismo y hostelería. Las ciudades anfitrionas, especialmente en Estados Unidos, asumieron elevados costes de seguridad, logística e infraestructuras. Los estudios históricos advierten, sin embargo, que los beneficios a largo plazo suelen ser más modestos de lo anunciado y que el formato expandido elevó la huella de carbono por los desplazamientos aéreos.
Socialmente, las selecciones modestas ganaron visibilidad y orgullo nacional. Los tres anfitriones —Estados Unidos, México y Canadá— quedaron eliminados en octavos, un hecho inédito para coorganizadores. El torneo reabrió debates sobre la carga de partidos, el calor, la altitud, el uso del VAR y el equilibrio entre el crecimiento comercial y la pureza deportiva.
El Mundial 2026 demostró que la expansión puede multiplicar el drama y las oportunidades sin diluir del todo la excelencia de las grandes potencias. España ofreció un modelo de control y profundidad de plantilla. La polémica Balogun y las dudas sobre costes y gobernanza quedan como advertencias. El fútbol sigue siendo un poderoso unificador global, pero su valor neto depende de que la integridad del juego prevalezca sobre las presiones externas.