La provocación analítica de Julito Hazim para el 2028: ¿El fin de la era de PRD, PLD y PRM?

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El reconocido comentarista y analista político dominicano Dr. Julio “Julito” Hazim ha insistido en que las elecciones de 2028 podrían convertirse en un punto de inflexión para los tres grandes partidos tradicionales del país: el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y el Partido Revolucionario Moderno (PRM). Su frase, reiterada en programas de radio, televisión y entrevistas, resume una visión más amplia: el posible agotamiento de las estructuras partidarias clásicas y el surgimiento de nuevos equilibrios de poder.

Aunque no existen coincidencias textuales exactas en grandes medios escritos, el análisis de Hazim se centra de manera consistente en las debilidades estructurales de estas organizaciones, el cansancio del electorado con las “máquinas” tradicionales, los desafíos de sucesión y el riesgo de un sistema de partidos más fragmentado o transformado.

El estado actual de los tres grandes

El PRD, otrora fuerza dominante, arrastra décadas de debilitamiento tras las divisiones internas que dieron origen al PRM. Hoy opera más como actor secundario o “partido bisagra” que como contendiente de primer orden.

El PLD, tras largos periodos en el poder y la salida de Leonel Fernández para fundar la Fuerza del Pueblo, enfrenta una fase de reconstrucción bajo el liderazgo de Danilo Medina. La pérdida de votos ha sido notable y los analistas advierten que, si no logra recuperar organización y credibilidad, podría quedar relegado a un papel marginal.

El PRM, actualmente en el gobierno tras las victorias de Luis Abinader, confronta el clásico dilema de la sucesión después de dos mandatos. La competencia interna entre precandidatos y el desgaste natural del poder son temas recurrentes en el debate público.

Hazim ha señalado posibles alianzas —incluyendo acercamientos entre sectores del PLD y la Fuerza del Pueblo—, la preparación de nuevas figuras como Omar Fernández y escenarios en los que el dominio tradicional se erosione a favor de combinaciones distintas o de outsiders.

Posibles consecuencias de un “fin de era”

Si 2028 marcara realmente el cierre de la hegemonía de estos tres partidos (o de sus configuraciones actuales), los efectos podrían ser profundos:

  • Reconfiguración del sistema de partidos: mayor fragmentación o consolidación de la Fuerza del Pueblo (u otra fuerza emergente) como competidor principal. Los partidos tradicionales podrían quedar reducidos a roles secundarios, abriendo espacio a nuevos movimientos, candidaturas independientes o coaliciones realineadas.
  • Dinámica electoral: mayor probabilidad de contiendas multipartidistas competitivas, eventuales segundas vueltas y un papel decisivo de partidos menores o alianzas. El descontento ciudadano —economía, servicios, migración y percepción de gobernanza— podría potenciar el voto anti-tradicional.
  • Consecuencias internas: aceleración de luchas por la sucesión, nuevas fracturas o intentos forzados de modernización. Para el PRM será clave gestionar la transición post-Abinader sin rupturas. Para el PLD, el fracaso en la reconstrucción podría precipitar su declive; el éxito, devolverle peso como actor determinante.
  • Efectos en la gobernabilidad: cambios en la continuidad de la gestión económica, reformas institucionales, política exterior o programas sociales. Gobiernos más fragmentados podrían generar mandatos más débiles o negociaciones más inestables.
  • Cultura política: menor peso de las máquinas partidarias tradicionales podría reforzar el personalismo, el protagonismo de figuras mediáticas o digitales y el atractivo de los outsiders, tendencias ya visibles en el debate actual.

La historia dominicana muestra que las grandes eras partidarias suelen transformarse a través de divisiones, derrotas electorales, transiciones de liderazgo y cambios en las coaliciones de votantes, más que por desapariciones abruptas. Las redes de élite y las instituciones suelen persistir aunque cambien las etiquetas y las correlaciones de fuerza.

Una provocación analítica, no una sentencia

Las afirmaciones de Hazim funcionan más como provocación analítica y construcción de escenarios que como predicción determinista. La política dominicana sigue siendo fluida. La decisión de Abinader de no buscar nuevos periodos, los procesos internos del PLD y del PRM, el posicionamiento de la Fuerza del Pueblo, las condiciones económicas y sociales cercanas a 2028 y la selección de candidatos pesarán decisivamente en el resultado.

Un “fin de era” es plausible si se materializan el cansancio electoral, fracasos en la sucesión o coaliciones novedosas exitosas. No es, sin embargo, inevitable. Los partidos tradicionales —o formaciones herederas de sus bases y redes— han demostrado capacidad de adaptación en el pasado.

Lo más duradero del análisis de Hazim es la constatación de que 2028 se perfila como una elección de alta trascendencia, en la que se pondrán a prueba los pesos relativos de las fuerzas establecidas, los actores emergentes y el liderazgo personal. El desenlace real dependerá del desempeño de las campañas, de las alianzas que se forjen y de los temas que capten la atención del electorado cuando se acerque la cita con las urnas.

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