La hambruna global desciende por tercer año consecutivo, según la ONU, pero el progreso es frágil e insuficiente para erradicar el hambre en 2030

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Nueva York – La subnutrición mundial ha disminuido por tercer año consecutivo, según el informe El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2026 (SOFI 2026) de la ONU. Sin embargo, los avances siguen siendo lentos, desiguales y altamente vulnerables a shocks externos, lo que aleja al mundo del cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 (Hambre Cero) para 2030.

En 2025, el porcentaje de personas subnutridas se situó en el 7,8% de la población mundial, equivalente a unos 645 millones de personas. Esto representa una mejora respecto al 8,1% registrado en 2024 y cifras más altas de años anteriores. En términos absolutos, se redujo en aproximadamente 14 millones de personas desde 2024 y 43 millones desde 2022.

A pesar de esta tendencia positiva a nivel global, la inseguridad alimentaria moderada o grave afecta todavía a cerca del 25,8% de la población mundial (alrededor de 2.100 millones de personas). Además, 2.700 millones de personas (el 32,7% de la población global) no pueden permitirse una dieta saludable. En África, esta cifra se dispara hasta el 66,6%.

Cambio histórico en el mapa del hambre

Uno de los datos más relevantes del informe es el cambio en el centro de gravedad del hambre global. Por primera vez, África supera a Asia en número absoluto de personas hambrientas: 309 millones en África (alrededor del 20% de su población) frente a 292 millones en Asia. Este desplazamiento resalta los desafíos específicos del continente africano, como el rápido crecimiento demográfico, los conflictos armados, la vulnerabilidad climática y la débil infraestructura.

El progreso se registró en todos los continentes, pero su ritmo es lento y está amenazado por factores como los conflictos, los choques climáticos, la inestabilidad económica y los recortes en financiamiento internacional.

Impactos multidimensionales

Las consecuencias de la persistente hambre y la inseguridad alimentaria van más allá de la mera falta de calorías:

  • En salud y desarrollo humano: Provoca retraso en el crecimiento (stunting), emaciación (wasting), deficiencias de micronutrientes, sistemas inmunitarios debilitados y mayor mortalidad infantil. Las mujeres y las poblaciones rurales son las más afectadas. La mala nutrición compromete el desarrollo cognitivo, los resultados educativos y la productividad a lo largo de la vida.
  • Económicos: Reduce la productividad laboral, eleva los costos sanitarios y perpetúa ciclos de pobreza. Se estima que la malnutrición cuesta a las economías trillones de dólares anuales en potencial perdido.
  • Sociales y de estabilidad: La inseguridad alimentaria alimenta protestas, migraciones y conflictos. En muchas regiones, agrava las desigualdades de género en el acceso a recursos.

Un progreso reversible y lejos de las metas

Los autores del SOFI 2026 advierten que los logros son frágiles. Cualquier shock importante —ya sea un conflicto, una crisis climática o un repunte inflacionario— podría revertir rápidamente las ganancias, como ha ocurrido en el pasado.

Las proyecciones indican que, de seguir la tendencia actual, cientos de millones de personas seguirán pasando hambre en 2030, con estimaciones que oscilan entre 510 y 520 millones. África podría concentrar la mayoría de estos casos. El informe también destaca el “doble peso” de la malnutrición: subnutrición junto a obesidad en algunas zonas, y los profundos problemas de asequibilidad en los sistemas alimentarios.

Recomendaciones y mensaje final

El informe ofrece un tono de “cauteloso optimismo”. Las reducciones demuestran que las intervenciones focalizadas, las inversiones en agricultura y las políticas adecuadas funcionan. Sin embargo, el ritmo actual es insuficiente.

Entre las recomendaciones principales destacan:

  • Escalar sistemas alimentarios resilientes y protección social.
  • Pasar de un enfoque centrado solo en calorías a uno que priorice la nutrición y la asequibilidad de dietas saludables.
  • Invertir en agricultura climáticamente inteligente, infraestructura en África, reducción de pérdidas y desperdicios de alimentos, y políticas comerciales estabilizadoras.
  • Fortalecer la coordinación multilateral entre FAO, PMA, UNICEF y otros actores, junto con gobiernos, sector privado y comunidades locales.

En síntesis, el tercer año consecutivo de descenso en el hambre global es una buena noticia tras años de estancamiento o retrocesos. Demuestra la capacidad humana de avanzar contra este flagelo. No obstante, sin acciones aceleradas, equitativas y resilientes —especialmente para abordar la creciente crisis en África y las barreras globales de asequibilidad—, el mundo incumplirá sus metas de 2030, con graves costos humanos, económicos y de estabilidad. Transformar los sistemas alimentarios para hacerlos más accesibles, sostenibles y resistentes a shocks se presenta como la única vía viable a largo plazo.

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