BRICS en Nueva Delhi: Creciente influencia del Sur Global, pero profundas divisiones ante la crisis en Irán

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Nueva Delhi, 15 de mayo de 2026 – La reunión de ministros de Exteriores del bloque BRICS, celebrada los días 14 y 15 de mayo en la capital india bajo la presidencia de India, dejó en evidencia tanto la consolidación del grupo como plataforma de voz del Sur Global como sus persistentes fracturas internas en medio de la escalada geopolítica provocada por el conflicto en Irán.

Bajo el lema “BRICS@20: Building for Resilience, Innovation, Cooperation, and Sustainability”, la cumbre marcó las dos décadas de existencia del mecanismo en el emblemático Bharat Mandapam. Representantes de Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Irán y los países socios se reunieron en un contexto marcado por tensiones internacionales y presiones económicas sobre las naciones en desarrollo.

Participantes y encuentros clave

La delegación india fue encabezada por el ministro S. Jaishankar, anfitrión del evento. Entre los presentes figuraron el ruso Sergey Lavrov, el brasileño Mauro Vieira, el sudafricano Ronald Lamola, el iraní Abbas Araghchi y el indonesio Sugiono, en calidad de país socio. China estuvo representada por el embajador Xu Feihong, ya que el canciller Wang Yi permaneció en Beijing para la reunión entre el presidente Xi Jinping y Donald Trump.

Los ministros sostuvieron un encuentro con el primer ministro Narendra Modi, quien subrayó la importancia del multilateralismo y la resiliencia económica ante las crisis globales.

El conflicto en Irán domina la agenda y expone divisiones

El tema que monopolizó las discusiones fue la guerra en Irán y las acciones militares de Estados Unidos e Israel. El ministro iraní Abbas Araghchi exigió una condena explícita a la “agresión” estadounidense e israelí, e incluso acusó a Emiratos Árabes Unidos de complicidad, lo que generó un enfrentamiento directo con la delegación emiratí presente.

Las negociaciones para un comunicado conjunto se estancaron ante posturas irreconciliables: unos presionaban por condenar las acciones de Teherán, mientras otros exigían denunciar las intervenciones externas. India, como presidenta, insistió en priorizar la estabilidad económica, la seguridad de las cadenas de suministro y la cooperación práctica por encima de las disputas geopolíticas.

La crisis también agravó la situación energética global. Los precios del combustible, los alimentos y los fertilizantes se dispararon, afectando severamente a las economías del Sur Global. Los trastornos en el Estrecho de Ormuz, con un fuerte descenso del tráfico marítimo, agravaron los problemas de suministro.

Consecuencias y balance

La reunión reveló los límites de la unidad en el BRICS ampliado (BRICS+). Aunque el bloque representa cerca del 45% de la población mundial y una porción significativa del PIB global, la incorporación de nuevos miembros como Irán y Emiratos Árabes Unidos ha importado rivalidades regionales que dificultan el consenso en temas de alta sensibilidad.

Para India, el evento representó un delicado ejercicio de equilibrio diplomático. Nueva Delhi se posicionó como constructora de puentes, promoviendo la desescalada, la seguridad energética y el crecimiento inclusivo, mientras mantiene relaciones con Rusia, Irán, Occidente y los países del Golfo. Este rol fortalece su estatura internacional, pero también conlleva riesgos.

La ausencia de Wang Yi subrayó además que, para China, los diálogos bilaterales de alto nivel con Estados Unidos siguen teniendo prioridad sobre los foros multilaterales.

Perspectivas hacia la Cumbre de Líderes

Analistas consideran que el resultado de esta reunión ministerial anticipa los desafíos de la Cumbre de Líderes de BRICS prevista para septiembre de 2026. La dificultad para emitir un comunicado fuerte podría debilitar la influencia del bloque en la reforma de la gobernanza global y la promoción de la multipolaridad. Sin embargo, avances concretos en cooperación económica, tecnológica y en materia de resiliencia podrían marcar progresos tangibles.

En conclusión, BRICS se consolida como un espacio relevante para las potencias emergentes y un contrapeso en el orden internacional, pero no como un bloque cohesionado al estilo de la OTAN o la Unión Europea. Su futuro dependerá de su capacidad para generar resultados prácticos en comercio, tecnología y desarrollo, más allá de declaraciones simbólicas.

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