Especial para los seguidores de codigopostalrd.net Santo Domingo, 14 de mayo de 2026
La propuesta de Víctor Pavón: educar las emociones desde la infancia
Víctor Pavón, dirigente de la Fuerza del Pueblo (FP) y cercano al proyecto presidencial de Leonel Fernández, ha planteado una estrategia de fondo: implementar la Educación Emocional en las escuelas desde la infancia hasta la adultez.
“Las cárceles y la persecución judicial sola no van a terminar con los femicidios. Necesitamos formar nuevos ciudadanos”, afirmó Pavón. Invocando a Jorge Luis Borges, señaló que, aunque la civilización avanza en lo tecnológico y social, la naturaleza humana sigue respondiendo muchas veces a impulsos “de la época de las cavernas”.
Pavón describe al ser humano como poseedor de “dos cerebros”: el consciente de la civilización —regido por la razón, las normas y la empatía que cultiva la educación— y el emocional o de supervivencia, propio de “la jungla”, donde dominan los instintos de celos, posesión y rabia en momentos de crisis.
Sin un puente educativo que fortalezca la autoconciencia, la empatía, la resolución de conflictos y el respeto a la autonomía del otro, los impulsos primitivos prevalecen, especialmente en las relaciones de pareja bajo estrés. Esta visión coincide con enfoques de inteligencia emocional promovidos por autores como Daniel Goleman y con llamados de organismos de salud pública en el país.
Evaluación: un complemento necesario, pero no suficiente
La propuesta de Pavón representa un valioso complemento a las medidas punitivas y de protección existentes. Mientras las líneas de emergencia, órdenes de alejamiento y procesos judiciales salvan vidas en el corto plazo, la educación emocional busca atacar las causas profundas: el machismo normalizado y la baja alfabetización emocional.
Estudios internacionales sobre prevención de violencia de género demuestran que programas escolares centrados en regulación emocional, consentimiento y equidad pueden transformar actitudes a mediano y largo plazo.
Sin embargo, los desafíos son evidentes. El cambio cultural es lento y requiere esfuerzo multigeneracional. La educación sola no basta sin un sistema de justicia fuerte, oportunidades económicas para las mujeres y atención integral a factores como la pobreza y el consumo de sustancias.
Los femicidios en República Dominicana continúan siendo una de las manifestaciones más graves de violencia de género en América Latina, mayoritariamente vinculados a la violencia de pareja y profundamente arraigados en una cultura de machismo, normas de género desiguales y deficientes habilidades de regulación emocional y resolución de conflictos.
A pesar de una leve disminución en las cifras recientes, el problema persiste como un flagelo estructural que cobra decenas de vidas femeninas cada año y deja huellas imborrables en familias y en la sociedad.
Cifras que duelen: una tendencia a la baja, pero aún alarmante
Datos preliminares de 2025 registran alrededor de 49 femicidios, lo que representa una reducción aproximada del 31 % en comparación con el mismo período de 2024. Históricamente, el país ha figurado entre las naciones con mayores tasas de la región, oscilando entre 2.4 y 2.9 por cada 100.000 mujeres, cifras que lo sitúan junto a naciones como Honduras en el preocupante ranking regional.
La mayoría de las víctimas son mujeres jóvenes de entre 15 y 45 años. Las armas de fuego y armas blancas son los principales instrumentos letales, y en un alto porcentaje de casos existe un historial de violencia doméstica previa que no fue denunciada o atendida adecuadamente. La subnotificación sigue siendo uno de los grandes obstáculos para dimensionar el problema real.
Más allá de las estadísticas: el costo humano y social
Los efectos trascienden la pérdida de vidas. Decenas de niños quedan huérfanos cada año, muchos de ellos testigos directos de la violencia que acabó con sus madres. Esto genera traumas profundos: ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático, bajo rendimiento escolar y un mayor riesgo de revictimización.
A nivel societal, los femicidios refuerzan la desigualdad de género, erosionan la confianza en las instituciones (frecuentemente criticadas por respuestas lentas o ineficaces) y generan elevados costos en salud, justicia y servicios sociales. Expertos vinculan el fenómeno al machismo cultural, el estrés económico, el consumo de alcohol y drogas, y la debilidad en el manejo emocional, factores que se agravaron durante los confinamientos por COVID-19.
Aunque existen leyes especializadas, unidades de atención y campañas de sensibilización, la impunidad, la subnotificación y la tolerancia cultural hacia comportamientos posesivos mantienen el ciclo.
Los femicidios en República Dominicana evidencian fallas estructurales y culturales con costos humanos devastadores. La iniciativa de Víctor Pavón y la Fuerza del Pueblo replantea el problema como una cuestión de formación humana, no solo de represión, haciendo eco a la lúcida advertencia de Borges sobre la frágil supremacía de la civilización sobre los impulsos primarios.
Si se implementa de manera seria, junto con las herramientas existentes, podría marcar el inicio de una transformación profunda en las relaciones de género del país. El reto ahora es pasar de la propuesta al plan concreto.
