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Beirut, 9 de abril de 2026 — Apenas horas después de anunciarse un alto el fuego condicional de dos semanas entre Estados Unidos e Irán, mediado por Pakistán y conocido como los Acuerdos de Islamabad, Israel inició una de las campañas aéreas más intensas contra Líbano desde el inicio de la guerra con Hezbolá. La operación, bautizada por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) como “Operation Eternal Darkness”, dejó entre 182 y 254 muertos y más de 1.000 heridos en un solo día, según el Ministerio de Salud libanés, convirtiéndose en la jornada más sangrienta del conflicto.
El ataque se produjo la tarde del 8 de abril, cuando más de 100 objetivos fueron alcanzados en aproximadamente diez minutos mediante una oleada coordinada de bombardeos aéreos y artillería. Entre los blancos figuran centros de mando, instalaciones de misiles y posiciones de la Fuerza Radwan de Hezbolá, pero también barrios residenciales y comerciales densamente poblados en el centro y la costa de Beirut (como Corniche al-Mazraa y Tallet el Khayat), el sur de la capital, Tiro, Sidón, Adloun y el valle de la Bekaa. Testigos y autoridades libanesas reportaron impactos sin previo aviso en plena hora punta, afectando zonas civiles, un hospital (Hiram Hospital), ambulancias e incluso un cementerio durante un funeral.
Hezbolá afirmó haber detenido sus ataques contra Israel en cumplimiento del alto el fuego, pero las FDI insistieron en que la operación se limitó a “objetivos terroristas” ubicados en el corazón de zonas civiles. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, había dejado claro poco antes que el acuerdo con Irán “no incluye Líbano”, describiendo los combates con Hezbolá como un “conflicto separado” ajeno al pacto entre Washington y Teherán. El presidente estadounidense Donald Trump respaldó esa postura.
Grave impacto humanitario en Líbano
Las autoridades libanesas y organizaciones como Amnistía Internacional denunciaron el carácter desproporcionado de los ataques, que saturaron los hospitales con heridos y generaron escasez de sangre. El saldo del 8 de abril se suma a más de 1.700 muertos y entre 1 y 1,2 millones de desplazados desde el inicio de la escalada. Organismos de ayuda humanitaria y funcionarios libaneses han acusado a Israel de posibles violaciones del derecho internacional.
Reacción de Irán y riesgo para el alto el fuego
Irán calificó los bombardeos como una “grave violación” del marco acordado, argumentando que los ataques contra Líbano constituyen una agresión indirecta contra sí mismo. El viceministro de Exteriores iraní advirtió que Teherán podría retirarse por completo del acuerdo si las violaciones continúan. En respuesta, Irán cerró temporalmente el Estrecho de Ormuz —vía clave por la que transita cerca del 20% del petróleo y gas mundial—, exigiendo peajes a los buques y generando disrupciones en el transporte marítimo. Los precios del petróleo subieron alrededor de un 2,7%, alcanzando cerca de los 97 dólares por barril.
La Casa Blanca y Jerusalén rechazaron las acusaciones iraníes, insistiendo en que el alto el fuego se mantiene, aunque reconocieron su fragilidad. Las conversaciones previstas en Islamabad para el 10 y 11 de abril corren ahora serio riesgo de colapso.
Condenas internacionales y tensiones diplomáticas
Francia, Reino Unido, España y otros países europeos condenaron los ataques, calificándolos de “inaceptables” y urgiendo a extender el alto el fuego a Líbano. Pakistán, mediador clave, expresó preocupación por el deterioro de la situación. La acción israelí ha puesto de manifiesto divisiones entre EE.UU.-Israel y actores europeos y del Golfo.
Israel ha reiterado su intención de continuar operaciones para asegurar su frontera norte y establecer una zona de seguridad al sur del río Litani. Irán, por su parte, advirtió que “cualquier agresión contra Líbano es agresión contra Irán”, lo que podría ampliar el conflicto más allá del eje Estados Unidos-Irán.
Una tregua en extremo frágil
El episodio del 8 de abril subraya la vulnerabilidad de cualquier alto el fuego en Oriente Medio cuando las redes de proxies iraníes —el llamado “eje de la resistencia”— vinculan múltiples frentes. Las interpretaciones divergentes sobre si Líbano y Hezbolá quedan incluidos han convertido una pausa tentativa en un nuevo punto de inflamación.
Los costos humanos en Líbano son inmediatos y severos, agravando años de crisis en el país. A nivel global, las repercusiones en los mercados energéticos y el transporte demuestran cómo acciones localizadas pueden amenazar la estabilidad internacional.
A 9 de abril de 2026, la situación sigue siendo fluida y altamente volátil. El éxito de las conversaciones en Pakistán dependerá de si Washington logra contener las operaciones israelíes en Líbano o si Teherán acepta un acuerdo más limitado. Sin una desescalada rápida y términos claros, el ciclo de retaliaciones amenaza con perpetuarse y frustrar cualquier perspectiva de paz duradera en la región.
