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Concepción del hombre y el mundo que llevaron a Juan Bosch a definirse como “Marxista, pero no Leninista”.

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Aunque Lenin era Marxista, fue más allá de su pensamiento y le tocó crear en Rusia el Partido para la Revolución Obrera, pero Bosch se mantuvo apegado solamente al método de análisis Marxista, ya que fundó un Partido para la “Revolución Democrática”, no para la Revolución Socialista, como se planteó Lenin. De ahí que Bosch se declaró “Marxista, pero no Leninista”, expresión que muy pocos entendieron en la sociedad dominicana

El veredicto de Marx sobre la filosofía: la hora de transformar el mundo y enterrar la contemplación

La práctica humana emerge como el único criterio de verdad frente al misticismo y al materialismo abstracto.

Santo Domingo— En un giro radical para el pensamiento contemporáneo, se ha puesto en evidencia el defecto fundamental del materialismo tradicional, incluyendo el del filósofo Ludwig Feuerbach: su incapacidad para entender la realidad y la sensoriedad como una actividad humana práctica. Al limitar la existencia a la mera contemplación, la filosofía previa cedió el terreno del dinamismo al idealismo, el cual acabó desarrollando el lado activo de forma puramente abstracta.

Expertos señalan que Feuerbach incurre en una contradicción crítica al ignorar que la actividad humana es objetiva en sí misma. En su obra fundamental, La esencia del cristianismo, el pensador reduce la condición humana a la actitud teórica, relegando la práctica a manifestaciones superficiales. Esta postura ciega al materialismo tradicional ante la verdadera trascendencia de la actividad crítico-práctica y la actuación revolucionaria.

El divorcio entre la teoría y la práctica

La validez del pensamiento humano no puede resolverse en debates de biblioteca. La verdad objetiva no es un problema teórico, sino un problema práctico; el ser humano debe demostrar la terrenalidad, el poder y la realidad de sus ideas a través de los hechos. Desconectar el pensamiento de la acción reduce cualquier disputa intelectual a un mero ejercicio escolástico.

Por otra parte, la teoría que sostiene que los hombres son subproductos de sus circunstancias y de su educación comete un error de cálculo matemático y social: olvida que los propios hombres modifican las circunstancias y que el educador también necesita ser educado. Sostener lo contrario fragmenta a la sociedad de forma vertical, colocando a una élite por encima de los demás. La sincronía entre el cambio del entorno y la transformación de la conciencia sólo se explica mediante la práctica revolucionaria.

La deconstrucción de la esencia humana

El análisis de la enajenación religiosa también exige una revisión urgente. Descomponer el mundo místico en sus bases terrenales es insuficiente si no se comprende que el desgarramiento de esa base es lo que proyecta la religión en las nubes. El desglose de los errores metodológicos de Feuerbach revela dos puntos ciegos:

La realidad objetiva demuestra que la esencia humana es el conjunto de las relaciones sociales. El “sentimiento religioso” no es innato; es un producto social derivado de pertenecer a una forma específica de comunidad. Toda la vida social es, en el fondo, práctica, y los misterios que arrastran a la teoría hacia el misticismo se disuelven cuando se comprende la acción humana.

El antiguo materialismo se estancó en la contemplación de individuos aislados dentro de la sociedad civil. El nuevo enfoque se posiciona firmemente en la sociedad humana o la humanidad socializada. La conclusión es definitiva: los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo

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