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AMMÁN — El Reino Hachemita de Jordania se encuentra en un estado de profunda conmoción y máxima alerta tras sufrir el viernes 23 de octubre un atentado armado sin precedentes. Un grupo de extremistas irrumpió a tiros en la iglesia greco-ortodoxa de San Jorge, en la localidad de Hmoud, gobernación de Karak, dejando un trágico balance de al menos ocho personas fallecidas y cerca de cuarenta heridas.
El ataque se perpetró en un momento de extrema vulnerabilidad, cuando los feligreses asistían a un cortejo fúnebre dentro del recinto religioso. Según testimonios de sobrevivientes recogidos por agencias internacionales, los atacantes abrieron fuego de forma indiscriminada y directa contra la multitud congregada para el duelo.
La reacción oficial no se hizo esperar. El rey Abdalá II y el primer ministro, Jafar Hassan, condenaron enérgicamente la masacre y ordenaron una persecución a gran escala bajo la promesa de golpear con “puño de hierro” a las células responsables. Como primera medida de duelo y respeto, el gobierno jordano ha decretado tres días de luto oficial en todo el país.
El Ministerio del Interior ha calificado el suceso como un acto terrorista ejecutado por extremistas movidos por una ideología ciega de odio. La principal conclusión de los analistas políticos y líderes de la sociedad civil es que el atentado buscaba fracturar el histórico modelo de cohabitación y fraternidad entre las comunidades musulmana y cristiana en Jordania, un país que se ha mantenido tradicionalmente como un oasis de estabilidad en una región convulsa.
El impacto del atentado ha trascendido las fronteras jordanas. La comunidad internacional, incluyendo a la Unión Europea y al secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, ha manifestado su repudio absoluto al uso de la violencia contra civiles en lugares de culto. Por su parte, legaciones diplomáticas como la Embajada de los Estados Unidos en Ammán confirmaron un incremento inmediato de las medidas de seguridad y pidieron extremar la precaución ante el temor de nuevas escaladas de tensión en la zona. Las fuerzas de seguridad del reino mantienen un despliegue masivo en puntos estratégicos para garantizar la paz pública.