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BRASILIA.— En un vuelco dramático que altera radicalmente el panorama político de Brasil, el ministro del Supremo Tribunal Federal (STF), Alexandre de Moraes, ha dictado este viernes una orden de captura internacional contra Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y pieza clave del movimiento conservador en el país.
La histórica resolución judicial se produce a escasos días del trascendental balotaje presidencial del 25 de octubre, donde se enfrentan el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro, hermano del ahora prófugo de la justicia.
Una condena firme por coacción
La orden de arresto surge tras una condena firme e inapelable de cuatros años y dos meses de prisión contra Eduardo Bolsonaro por el delito de coacción a la justicia. De acuerdo con el expediente del tribunal, el exdiputado federal fue hallado culpable de realizar gestiones directas ante el gobierno de los Estados Unidos con el fin de promover sanciones y aranceles económicos contra funcionarios e intereses brasileños. Estas maniobras tenían como objetivo presionar al STF y frenar el avance de las causas judiciales que enfrenta su padre, Jair Bolsonaro.
Ante la inminencia de la orden, el tribunal dispuso la cancelación inmediata de todos los pasaportes del acusado, mientras la Policía Federal de Brasil coordina con Interpol la emisión de una alerta roja para su localización y extradición. Eduardo Bolsonaro se encuentra autoexiliado en Texas, Estados Unidos, desde 2025, donde cuenta con una tarjeta de residencia permanente (Green Card).
Terremoto en las campañas y el dilema de los indecisos
El dictamen ha profundizado al extremo la polarización en las calles brasileñas. Desde el comando de campaña de Flávio Bolsonaro, quien lideró la primera vuelta con el 47% de los sufragios, calificaron la medida como una “persecución política descarada” y una “interferencia ilegítima en el proceso democrático”. Por su parte, desde el exilio, Eduardo Bolsonaro aseguró que el fallo busca “avivar las tensiones de forma deliberada” para beneficiar al oficialismo.
En la vereda opuesta, el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula da Silva, quien obtuvo el 45% de los votos en la primera ronda, ha capitalizado el fallo judicial para alertar a los electores sobre el historial del clan Bolsonaro. Para los analistas, el impacto real de esta crisis se medirá en el comportamiento del electorado moderado e indeciso: determinará si el suceso es percibido como un acto criminal severo que debilita a la oposición, o si se convertirá en un efecto bumerán que victimice al bolsonarismo frente a los excesos de la Corte Suprema.
Con un escenario internacional complejo debido a los lazos de Eduardo Bolsonaro con la política estadounidense, el balotaje del 25 de octubre no solo definirá al próximo presidente, sino el futuro de la tensa relación institucional entre los poderes del Estado en Brasil.