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Fernández y Medina intensifican la presión sobre Abinader: críticas sostenidas, pero oposición fragmentada
Durante los últimos doce meses, aproximadamente desde finales de 2025 hasta septiembre de 2026, la oposición al gobierno del presidente Luis Abinader y del Partido Revolucionario Moderno (PRM) se ha concentrado en una crítica pública constante liderada por los expresidentes Leonel Fernández (Fuerza del Pueblo, FP) y Danilo Medina (Partido de la Liberación Dominicana, PLD). Sus acciones se han centrado en confrontaciones verbales, acusaciones de mala gestión y el intento de capitalizar el malestar ciudadano, más que en estrategias institucionales o legislativas unificadas. La rivalidad entre ambos líderes sigue limitando la cohesión opositora.
Las críticas más visibles
Leonel Fernández ha sido el crítico más consistente y de mayor perfil. Ha cuestionado reiteradamente las estadísticas oficiales sobre reducción de la pobreza, crecimiento económico, deuda, seguridad y costo de la vida, contrastándolas con la realidad cotidiana: altos precios del pollo, el arroz y otros productos básicos, así como los apagones persistentes. Entre los episodios más destacados figuran sus respuestas a los discursos de rendición de cuentas de Abinader en febrero de 2025 y 2026, en los que calificó la gestión de fallida o desconectada de la población.
También ha criticado el aumento de las pérdidas eléctricas (que según él pasaron de alrededor del 27-28 % a cerca del 49 %), las obras inconclusas, el endeudamiento público y la inseguridad, incluyendo reacciones a hechos de violencia de alto perfil como el ataque al merenguero Julián “Oro Duro”. Fernández ha invitado o desafiado al Gobierno a realizar giras nacionales conjuntas para debatir apagones, escasez de agua, delincuencia y precios, al tiempo que posiciona a la FP como la principal alternativa, afirmando que ha crecido de un 5 % en 2020 a cerca del 30 % en 2024 y más del 40 % en intenciones de voto recientes (cifras autodeclaradas; las encuestas independientes muestran variaciones).
Danilo Medina, más discreto en una primera etapa, intensificó sus señalamientos después. Se ha centrado en los “fracasos de continuidad” respecto a sus propios gobiernos: calificó de “criminal” la paralización de unas 11.000 aulas inconclusas, acusó a la administración de abandonar planes de expansión eléctrica (lo que habría provocado los apagones), de triplicar el costo de proyectos como la presa de Monte Grande, de “maquillar” las cifras económicas, de descuidar programas de medicinas de alto costo y, en general, de una gestión “nefasta” que ha dejado a la población en la pobreza. Rechazó debatir con Abinader, argumentando que humillaría a un presidente en ejercicio fuera de campaña, y ha insistido en los logros del PLD.
Ambos han utilizado la crisis financiera de SeNaSa y las investigaciones asociadas como munición política, presentándola como prueba de corrupción o mala gobernanza. FP y PLD compiten por el liderazgo de la oposición, con defecciones y tensiones internas —incluyendo la rivalidad residual de Fernández y Medina desde la ruptura del PLD en 2019— que impiden una alianza sólida.
Impacto en el discurso y en las encuestas
El intercambio, a menudo a través de discursos, redes sociales y medios, ha dominado la conversación política y convertido temas como los apagones, la inflación, las obras inconclusas, las irregularidades en SeNaSa y la inseguridad en debates nacionales recurrentes. Abinader ha respondido directamente —a veces con ironía, citando datos internacionales o invitando a los críticos a conocer los proyectos—, apoyándose en sus ruedas de prensa semanales. Esto ha mantenido visible a la oposición, pero también ha permitido al Gobierno presentar a sus detractores como vinculados a escándalos del pasado.
En el plano partidario, la FP bajo Fernández se ha consolidado como la principal fuerza opositora después de las elecciones de 2024. El PLD de Medina ha mostrado cierta recuperación de simpatías en algunas mediciones. La intención de voto combinada de la oposición ha llegado a acercarse o superar a la del PRM en ciertas encuestas, aunque ningún partido se acerca a una mayoría en primera vuelta de cara a 2028. Sondeos recientes (ACD Media, Gallup, CID) sitúan al PRM en torno al 29-31 %, a la FP entre 19 y 26 % y al PLD entre 15 y 20 %, con un alto porcentaje de ciudadanos que no se identifican con ningún partido (frecuentemente superior al 50-60 %). Fernández lidera las preferencias internas de la FP; en el PLD compiten figuras como Gonzalo Castillo, Francisco Javier y Abel Martínez; en el PRM, David Collado encabeza las especulaciones.
El impacto institucional ha sido limitado. Las críticas han amplificado el escrutinio sobre SeNaSa (con investigaciones judiciales en curso) y los servicios públicos, pero no han generado bloqueos legislativos significativos, reversiones de políticas ni movilizaciones masivas. La oposición permanece fragmentada.
Consecuencias políticas
Para el Gobierno, el creciente descontento por el costo de la vida, la electricidad, la inseguridad y la percepción de corrupción ha contribuido a un descenso de la favorabilidad del PRM (desde niveles más altos tras la reelección de 2024 hasta cerca del 30 % en algunas mediciones de mediados de 2026). La aprobación personal de Abinader se ha mantenido más sólida que la de su partido en varias encuestas, pero la administración enfrenta una presión creciente de cara al ciclo 2028. Escándalos y fallos en servicios públicos ofrecen material listo a la oposición.
Para los líderes opositores, Fernández ha elevado su perfil y el de la FP como principal alternativa, beneficiándose del malestar. Medina ha reafirmado la relevancia del PLD, aunque lucha contra el declive del partido tras 2020 y 2024 y contra la competencia interna. Su antagonismo mutuo —enraizado en la ruptura de 2019— sigue obstaculizando un frente unido y podría dividir el voto anti-PRM. .
En el panorama más amplio, el clima de confrontación anticipa una campaña polarizada en 2028. El elevado desapego ciudadano hacia los partidos apunta a volatilidad: el voto independiente o de protesta podría ser decisivo. No hay indicios de desestabilización sistémica, pero la crítica sostenida ha erosionado parte del impulso gobernante posterior a 2024.
Balance
El estilo persistente y desafiante de Fernández, junto con los ataques más intermitentes pero contundentes de Medina sobre los “fracasos de continuidad”, han mantenido la presión sobre Abinader, visibilizando puntos de dolor reales de la ciudadanía (electricidad, precios, servicios y seguridad) y ayudando a los partidos opositores a conservar o recuperar relevancia. Sin embargo, el impacto ha sido principalmente discursivo y de percepción electoral, no transformador: el Gobierno conserva el control institucional y Abinader mantiene una relativa fortaleza personal, mientras la desunión opositora —especialmente la fractura Fernández-Medina— sigue siendo una debilidad estructural.
Las afirmaciones de un crecimiento dramático de la FP o de un “colapso” gubernamental deben tomarse con cautela. Las encuestas independientes muestran un escenario competitivo pero todavía fragmentado, sin un claro favorito para 2028 y con un escepticismo generalizado hacia los partidos. Los próximos 18 a 20 meses pondrán a prueba si estos líderes logran convertir la crítica en coaliciones más amplias o si las rivalidades internas y las respuestas del Gobierno logran frenar su impulso.