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Santo Domingo. — El comunicador Alfredo de la Cruz lanzó este 7 de septiembre de 2026, desde el programa Panorama, una contundente condena pública al comportamiento de Santiago Matías, conocido como Alofoke, tras el altercado registrado días antes en la Zona Colonial. De la Cruz enmarcó el episodio no como un hecho aislado, sino como la expresión visible de un patrón de agresividad que, a su juicio, ha sido tolerado y potenciado por políticos, medios y anunciantes.
El incidente ocurrió durante un recorrido político-promocional —un “peinado”— que Matías realizó junto a Carlos Montesquieu, vinculado a la iniciativa “Dominicanos Primero”. En medio de la caminata, el comunicador se enfrentó verbalmente a un hombre que, según las descripciones de la cobertura, era un transeúnte o crítico. Cuando el interlocutor reaccionó con desdén o burla ante la afirmación de Matías de que él era “el único” capaz de darle valor a la zona, Alofoke respondió con insultos, entre ellos la frase “yo tengo más dinero que tú”, amenazó con revisarle los documentos y gestionar su deportación si se encontraba en situación irregular, y le lanzó una botella de agua. El momento quedó captado en video, se viralizó rápidamente y generó un amplio rechazo por lo que muchos calificaron como arrogancia y pérdida de control.
En su intervención, de la Cruz describió a Matías como alguien que “anda por la República Dominicana insultando a todo el mundo sin que nadie lo detenga”. Calificó la escena de “lamentable” y “triste”, y sostuvo que proyecta una imagen “odiosa” que no representa al pueblo dominicano, al que definió como amable, hospitalario, trabajador, generoso y ajeno a la prepotencia, el autoritarismo o la turbamulta.
El presentador fue más lejos al etiquetar a Alofoke como un “bulldozer humano” y un “bully” que insulta y difama a empresarios y personas de larga trayectoria que generan empleos, pagan impuestos y aportan al desarrollo del país. Criticó tanto a políticos de distintas corrientes —incluyendo espacios que en el pasado le habrían dado figuras ligadas a Danilo Medina y Leonel Fernández, así como interacciones más recientes con el gobierno actual y Carolina Mejía— como a los anunciantes del sector privado que le han otorgado plataformas. “Crearon un monstruo”, afirmó, y reclamó que las autoridades y la sociedad dejen de habilitar ese comportamiento y lo enfrenten.
La reacción se inscribe en un conflicto personal y profesional de larga data entre ambos, que se remonta al menos a abril de 2026. Ese enfrentamiento ha incluido acusaciones de intentos de extorsión o soborno vinculadas a “Esto no es Radio”, de Alofoke Media Group; audios filtrados con fuertes insultos de Matías; un encontronazo verbal en el Desfile Dominicano de Nueva York en agosto de 2026, y ataques públicos recíprocos.
El fragmento de Panorama amplificó las críticas ya existentes al episodio de la botella y al estilo confrontacional de Matías. Los comentarios bajo el video y en publicaciones relacionadas coincidieron en gran medida con de la Cruz al señalar arrogancia, volatilidad o inidoneidad, aunque también hubo voces que acusaron al presentador de sesgo personal, envidia o moral selectiva por sus alineamientos políticos previos. La polémica se suma a los debates sobre la imagen de Matías en un momento en que ha explorado o se le ha vinculado con ambiciones políticas, incluyendo conversaciones sobre construcción de partido, recolección de firmas y especulaciones hacia 2028. Otros programas, como Una Nueva Mañana, interpretaron el incidente como un acto de autosabotaje que dificulta cualquier transición seria hacia la política.
Hasta el momento no se han reportado sanciones legales o institucionales inmediatas contra Matías por el lanzamiento de la botella. Las principales consecuencias han sido reputacionales y mediáticas: renovado escrutinio sobre su temperamento, interrogantes sobre su idoneidad para el liderazgo público y una polarización persistente entre su amplia audiencia y quienes ven en su conducta un ejemplo de exceso y prepotencia. La rivalidad con de la Cruz y Panorama continúa activa y alimentada por los medios.
El planteamiento de Alfredo de la Cruz presenta el episodio de la Zona Colonial como el rostro visible de un patrón habilitado por actores políticos, mediáticos y comerciales. Para sus simpatizantes, se trata de un necesario freno a la normalización de la agresividad y el entusiasmo; para sus críticos, es la continuación de una pelea personal disfrazada de preocupación cívica. El episodio pone de relieve las tensiones actuales en la vida pública dominicana en torno a la influencia mediática, el ascenso de figuras digitales y celebridades a espacios políticos, los estándares de conducta pública y la responsabilidad compartida de quienes elevan personalidades confrontacionales