Codigo Postal

Rubén Bichara: Demanda eléctrica de RD crece al doble del ritmo histórico y expone fallas estructurales del sistema que se manifiestan en “Apagones”

Especial para los seguidores de codigopostalrd.net

La demanda de electricidad en la República Dominicana sigue escalando con fuerza, impulsada por el crecimiento económico, la expansión urbana y poblacional, el mayor consumo residencial e industrial, las altas temperaturas que elevan el uso de aires acondicionados entre 20% y 30% en períodos pico, y la gradual electrificación de otros sectores, incluido el transporte.

Los picos de demanda han batido récords de forma reiterada: superaron los 3.500 MW en 2024 y más recientemente se han situado por encima de los 4.100-4.300 MW. El crecimiento anual se estima entre 6% y 10%, equivalente a unos 100-150 MW adicionales cada año, aproximadamente el doble del ritmo histórico.

Rubén Bichara, exvicepresidente ejecutivo de la disuelta CDEEE, ha analizado de manera recurrente estas dinámicas en entrevistas y declaraciones públicas. Para él, el problema es estructural y no se reduce a una simple falta de capacidad de generación.

Las debilidades que persisten

Aunque la capacidad instalada supera los 6.000 MW y la disponible efectiva ronda los 5.000 MW, el sistema opera con reservas muy ajustadas. Las redes de transmisión y, sobre todo, de distribución arrastran años de mantenimiento insuficiente e inversión limitada. Las pérdidas han superado el 40% en algunos períodos —un retroceso de más de dos décadas—, impulsadas por pérdidas técnicas, comerciales, hurto, debilidades en la medición y facturación, y líneas sobrecargadas que no logran absorber el crecimiento de la carga.

La matriz de generación depende en gran medida de combustibles fósiles importados (gas natural, carbón y fuel oil, que suelen representar más del 70% de la producción). Esta dependencia expone al sistema a la volatilidad de precios internacionales. Cuando unidades más eficientes o baratas no están disponibles, se despachan plantas de mayor costo, lo que eleva el precio mayorista y la carga fiscal.

El resultado es el conocido “hoyo eléctrico”: las empresas distribuidoras (EDEs) acumulan déficits estructurales. Las transferencias y subsidios anuales han alcanzado o se han acercado a los 1.500-2.000 millones de dólares en años recientes, recursos que podrían destinarse a otras prioridades públicas. Una parte significativa de la energía generada nunca se factura ni se cobra.

En la práctica, los apagones o racionamientos siguen ocurriendo, especialmente en los picos de verano o cuando salen de servicio unidades importantes. Las empresas enfrentan costos más altos o deben recurrir a generadores de respaldo, y el sistema en su conjunto lucha por acompañar el ritmo de la demanda incluso cuando la generación total aumenta.

Bichara sostiene que los apagones suelen responder más a fallas de gestión, mantenimiento e inversión oportuna que a una escasez absoluta de megavatios. También ha vinculado la crisis con la dinámica de la deuda pública y con la incompleta ejecución de reformas anteriores, incluido el retraso en la aplicación del Pacto Eléctrico.

Las acciones que el sistema necesita

Los diagnósticos del sector y las posiciones públicas de Bichara coinciden en varias líneas de acción prioritarias:

  1. Inversión urgente y sostenida en las redes. Refuerzo y mantenimiento agresivo de la infraestructura de distribución y transmisión antes de cada temporada de alta demanda. Sin esto, la nueva generación no llega de forma confiable a los usuarios finales.
  2. Incorporación planificada de nueva generación. Poner en servicio a tiempo los proyectos eficientes ya en cartera (gas, renovables y capacidad térmica residual). La planificación de largo plazo debe alinearse con el crecimiento de 100-150 MW anuales —equivalente a una planta de unos 500 MW cada cuatro años— e incluir almacenamiento y flexibilidad de red para integrar más renovables intermitentes sin excesivas restricciones.
  3. Reducción de pérdidas y disciplina comercial. Modernización de la medición, mejora de la facturación y cobro, medidas contra el hurto y fortalecimiento gerencial de las EDEs para que una mayor proporción de la energía se cobre efectivamente.
  4. Reforma de costos y subsidios. Diversificar la matriz hacia fuentes de menor costo, mejorar el orden de mérito del despacho y acercar gradualmente las tarifas a los niveles de recuperación de costos, protegiendo al mismo tiempo a los consumidores vulnerables. El subprecio persistente y las altas pérdidas mantienen abierto el hueco fiscal.
  5. Continuidad institucional y coordinación. Planificación multianual coherente (generación + transmisión + distribución), reglas claras para la inversión privada y evitar los ciclos de financiamiento interrumpido que frenan los programas de redes.

El crecimiento de la demanda refleja vitalidad económica y mejores niveles de vida. Sin embargo, la capacidad del sistema para satisfacerla de forma confiable y a costos razonables depende de cerrar las brechas crónicas en inversión de redes, control de pérdidas, disciplina de planificación y eficiencia de costos de generación. Sin esas correcciones, el aumento de la demanda solo amplía la tensión operativa y fiscal. Los análisis de Bichara regresan de manera consistente a estos mecanismos prácticos, más que a explicaciones exclusivamente políticas.

Exit mobile version