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La carrera por la candidatura presidencial del PRM en 2028: Una sucesión abierta y competitiva

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La competencia interna del Partido Revolucionario Moderno (PRM) por la nominación presidencial de 2028 se perfila como un proceso de sucesión temprano, multicandidato y aún abierto. El presidente Luis Abinader, inelegible constitucionalmente para un tercer mandato y decidido a no buscarlo, ha dejado el camino libre. A mediados y finales de julio de 2026, el escenario permanece fluido. La selección formal se espera para 2027 mediante primarias cerradas, en las que solo votarán los miembros inscritos del partido.

Entre los principales contendientes destaca David Collado, ministro de Turismo. Durante gran parte de 2025 y hasta mediados de 2026 se consolidó como el favorito en las encuestas nacionales e internas. Un sondeo de ACD Media de julio de 2026 lo ubicó primero en preferencia nacional con alrededor del 20,6 %, y con márgenes sólidos entre los simpatizantes del PRM (frecuentemente entre el 40 % y más del 54 %). Datos anteriores de Gallup reflejaban ventajas internas aún mayores.

Carolina Mejía, alcaldesa del Distrito Nacional, exsecretaria general del PRM e hija del expresidente Hipólito Mejía, ha ganado terreno de forma notable. Una encuesta de IDEAME de julio de 2026 mostró un empate técnico con Collado entre los simpatizantes del partido (cerca del 39,8 % cada uno). En un duelo cara a cara, Mejía apenas quedó atrás (48,8 % frente a 51,2 %). También se mantiene competitiva en las preferencias generales.

Otros nombres construyen apoyo de manera activa: la vicepresidenta Raquel Peña; Eduardo Sanz Lovatón (“Yayo”), director de Aduanas; Wellington Arnaud, director del INAPA; Tony Peña Guaba, coordinador de políticas sociales; Guido Gómez Mazara, de Indotel; y Roberto Fulcar. Listas anteriores incluían figuras adicionales.

El presidente Abinader ha calificado a todos los principales precandidatos como capaces y ha insistido en un proceso interno democrático, transparente y unitario, sin respaldar a ninguno de manera explícita.

Impactos en el partido, el Gobierno y el sistema político

Dentro del PRM, la multiplicidad de aspirantes —suele hablarse de siete u ocho o más— genera un complejo “juego de ajedrez” de alianzas territoriales y faccionales. El partido ha priorizado la estabilidad institucional. En julio de 2026 aprobó reformas estatutarias que acortan el próximo mandato de la dirigencia a un período excepcional de dos años (2026-2028), amplían la dirección ejecutiva, ajustan la selección de la vicepresidencia y prevén el retorno al voto universal de la membresía después de 2028. Las elecciones de liderazgo partidario están fijadas para el 9 de agosto de 2026 (esta vez por delegados). Abinader ha dejado abierta la posibilidad de asumir la presidencia del partido —eventualmente con delegación operativa mientras permanece en el cargo— para gestionar la transición y evitar un efecto “pato cojo”.

En el Gobierno, la precampaña temprana amenaza con distraer de las prioridades de la administración. Algunos funcionarios podrían renunciar a sus cargos para dedicarse de lleno a la contienda. La aprobación de Abinader se ha mantenido cerca del 50 % en sondeos recientes: un piso de continuidad, pero también un indicador de posible desgaste.

En el sistema político más amplio, el PRM sigue siendo la primera fuerza en preferencia partidaria (cifras recientes entre el 29 % y el 36 %), por delante de Fuerza del Pueblo y el PLD. Ningún partido, sin embargo, cuenta con una mayoría clara en primera vuelta. Una sucesión ordenada en el oficialismo favorece la continuidad; cualquier fricción podría abrir espacios a figuras opositoras como Leonel Fernández u otras.

Riesgos y oportunidades

Los analistas advierten reiteradamente sobre el peligro de fragmentación. Una candidatura impuesta, una mala integración de las facciones perdedoras o un conflicto interno prolongado podrían generar desgaste preelectoral, menor cohesión y un desempeño más débil en las generales de 2028. La historia reciente de los partidos dominicanos muestra que las batallas de sucesión no resueltas suelen debilitar a las fuerzas en el poder.

Al mismo tiempo, una gestión exitosa —reglas claras, primarias cerradas en 2027 y unidad postprimarias— podría demostrar madurez institucional, ampliar el atractivo del partido y posicionarlo para un tercer mandato consecutivo. El perfil gerencial y turístico de Collado y la base partidaria y el capital simbólico de Mejía representan activos distintos, pero potencialmente complementarios.

Para la oposición, un nominado del PRM unido y popular obligaría a consolidar fuerzas o arriesgarse a dividir el voto antioficialista. La actividad temprana del PRM ya ha acelerado el posicionamiento en todo el sistema.

A más largo plazo, el proceso pone a prueba la capacidad del partido de trascender la era de liderazgo personal de Abinader (y antes de Hipólito Mejía) hacia una institucionalización más colectiva.

Perspectiva

A finales de julio de 2026 el escenario sigue siendo dinámico y falta más de un año para la resolución formal. Collado ha sido el favorito más consistente en la mayoría de las mediciones, pero el cierre de la brecha por parte de Mejía demuestra que la carrera es competitiva y sensible al momentum, a la organización territorial y a la eventual posición de Abinader.

Las variables decisivas serán la calidad de las reglas y los procesos internos, el grado de unidad posterior a las primarias, el desempeño económico y de seguridad del actual Gobierno, y la capacidad del partido de evitar la clásica trampa dominicana de la fractura por sucesión.

El énfasis declarado del PRM en la unidad, junto con los ajustes estatutarios para una transición ordenada entre 2026 y 2028, revela conciencia de los riesgos. Si se gestiona con éxito, la competencia interna puede renovar el liderazgo y preservar el dominio electoral. Si no, el partido corre el peligro de convertir una ventaja estructural en vulnerabilidad de cara a 2028.

La situación permanece abierta y continuará evolucionando con nuevas encuestas, eventuales renuncias, respaldos y el resultado de la contienda por la dirigencia partidaria del próximo 9 de agosto.

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