Un estudio publicado en la revista Nature (2026) identifica una subpoblación de células madre sanguíneas humanas que conservan una memoria molecular duradera del estrés inflamatorio, con implicaciones para el envejecimiento, las enfermedades crónicas y la mortalidad.
Investigadores han descubierto que no todas las células madre hematopoyéticas (HSC) se comportan igual tras una inflamación. Utilizando modelos de xenoinjerto —donde células madre de sangre de cordón umbilical humano se trasplantan en ratones inmunodeficientes— y desafiándolas con TNF o LPS para simular inflamación, seguidas de periodos de recuperación, el equipo identificó dos poblaciones distintas mediante análisis multiómicos de célula única.
Una subpoblación, denominada HSC-iM (HSC de memoria inflamatoria, anteriormente HSC-II), retiene cambios transcripcionales y epigenéticos persistentes incluso después de más de 10 semanas de recuperación. A diferencia de las HSC convencionales (HSC-I), estas células entran en un estado quiescente, con menor capacidad de engraftment y producción de progenitores tras exposiciones repetidas.
Características de la “memoria inflamatoria”
Las HSC-iM están enriquecidas en programas de quiescencia, señalización TNF/NF-κB y TGFβ, y factores de transcripción como NFKB1, REL, miembros de la familia AP-1 (JUNB, FOS) y SMAD3. Esta memoria es dependiente del estímulo (patrones distintos según sea TNF o LPS) y comparte similitudes con la memoria de las células T, pero difiere de la “inmunidad entrenada” descrita en otros contextos.
Lo más relevante es que estos cambios persisten en el tiempo, a diferencia de la recuperación más completa observada tras un solo episodio inflamatorio.
Relevancia clínica en humanos
El programa HSC-iM aparece enriquecido en muestras humanas reales de diversos contextos: pacientes recuperados de COVID-19 grave, enfermedad de células falciformes, envejecimiento y hematopoyesis clonal. Además, se transmite a las células inmunes diferenciadas, lo que podría generar un sesgo proinflamatorio a largo plazo.
En cohortes poblacionales, un mayor enriquecimiento del programa HSC-iM en células sanguíneas circulantes se asocia con mayor riesgo de mortalidad por todas las causas.
Interacción con mutaciones y hematopoyesis clonal
Curiosamente, mutaciones comunes en la hematopoyesis clonal (frecuentes en las HSC-iM) pueden atenuar algunos efectos negativos de la inflamación crónica, promoviendo la activación y diferenciación de estas células. Esto sugiere que, en entornos inflamados, ciertas mutaciones podrían conferir una ventaja selectiva.
Implicaciones para la salud a lo largo de la vida
Según los autores, este hallazgo ayuda a explicar cómo las exposiciones inflamatorias acumuladas —infecciones, enfermedades crónicas, etc.— contribuyen al inflammaging (envejecimiento inflamatorio), la disfunción de las células madre, el sesgo mieloide y el aumento de riesgo de enfermedades con la edad.
También vincula infecciones graves pasadas, como el COVID-19, con riesgos a largo plazo y aporta evidencia humana directa que complementa estudios previos realizados en ratones.
Perspectivas terapéuticas
Los investigadores destacan el potencial de revertir estas marcas epigenéticas o modular vías como NF-κB y AP-1 para mitigar el declive asociado al envejecimiento, secuelas postinfecciosas y riesgos de progresión a malignidad.
El estudio, muy reciente (mayo de 2026), ya está generando expectativa en la comunidad científica por su posible impacto en la comprensión del envejecimiento y en el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas dirigidas a las células madre hematopoyéticas.